sábado, 23 de septiembre de 2017

Que tabarra nos dan.

- "Nena, me vengo a pasar el día contigo" - ¿Qué he hecho para merecer esto? - "Tener a Andresito por abuelo" - De eso tienes tu la culpa. - "¿No quiéres, para el día de mañana, la Torre del Paseo Marítimo? Pues tienes que pencar para ganártela, boba de Coria" - ¿Os habéis peleado? - "Hoy me he levantado pacífica, por eso me voy de mi casa. No hay quién le aguante desde que sabe que vendrá su jefe supremo, el Pinocho Mayor del Reino, a Palma"

Geoooorge venía cargado con los avíos de la paella y me relamí pero estuve a punto de echar a la abuela a la calle cuando le dijo a su mayordomo. - "Hoy, la paella la harás tu" - Salté como un resorte. - ¿Un inglés que votó Sí al Brexit hará la paella? ¡Me niego en redondo! - "Allá tú si no quieres comerla". - ¡Será un agravio para España! - "¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino?" - ¡Que es el plato español por excelencia y lo hará un renegado europeo! - "No eres más tonta porque no te entrenas... ¿o sí?"

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! ¿Por qué no huélo a paella! (dijo la Cotilla) - "Porque Geooooorge no la ha empezado aún" - ¿Geoooorge?... ¿qué Geoooorge?... (miró al inglés) ¿Este? - "No conozco otro" - ¡¡¡¿ESTE?!!!... ¿Has perdido la chaveta? Si los ingleses no saben cocinar, lo sabe todo el mundo. - "Este sí sabe porque le he enseñado yo" - También enseñaste a tu nieta y mírala, no sabe freir un huevo.

Debo reconocer que la paella estuvo muy rica: me comí dos platos y la Cotilla tres. Felicité al jodío inglés con la boca muy chica y apenas oíble, más que nada para no dar mi brazo a torcer alegremente.

Nos despatarramos por el sofá y las butacas de la salita y puse la tele. - "¡Noooooooooooooooo!" - ¿Por qué, abuela? - "No dan ciclistas" - Cualquier cosa es buena para que durmamos la siesta. - "¿Cualquier cosa? ¿Rajoy y Puigdemont, por ejemplo?" - Estos son casos extremos... - "¿Quiéres escuchar hablar de Proces, urnas, independencia, sobres, insultos, amenazas, banderas por aquí y por allá...? ¿Cómo piensas dormir después? ¡Geoooorge, trae el chinchón, plis!" - ¿Vamos a brindar por todo ésto? - Si hay que brindar, se brinda (dijo una somnolienta Cotilla) - ¡Brindaremos por nosotras, para que sigamos teniendo el sentido común, más o menos (tampoco hay que exagerar) intacto, no como otrossssss..." - Vale, abuela... ¿podré repetir?

viernes, 22 de septiembre de 2017

¡Cinco años ya!

Hace cinco años que Pascualita está con nosotras y la abuela ha dicho que, para celebrarlo, va a tirar la casa por la ventana. Acto seguido ha cogido una mesita de noche antigua, que me sirve para poner las revistas encima, y la ha tirado por el balcón, diciendo - "Cuántas veces te he dicho que te deshicieras de esto" - ¡No la tires que era de mi primer abuelito! - "¡Por eso!"

¡Cinco años ya! Me parece que fue ayer cuando la encontré en una lata de sardinas cuando iba a prepararme un bocadillo... aaaayyyyyyyyy... que nostalgia... Era tan pequeñita, tan salvaje, tan fea... y sigue igual, la jodía. ¿Cuántos años tendrá este bicho?... Yo la hago del tiempo de la Esfinge de Egipto y puede que me quede corta.

Llamaron a la puerta. Era Bedulio cargado con los restos de la mesita de noche. - ¿Se te ha caído a ti? (su tono de voz no auguraba nada bueno) - A mi abuela. - Que rastrera eres cargando la culpa a una pobre anciana que no tiene fuerzas ni para arrastrarla. - ¡¿Quéeeeeee?! ¡¡¡ABUELAAAAAAA, VEN!!! - " - Al ver al Municipal se le iluminó la cara - "¡Pasa, hombre y tomate una copita de chinchón!" - No, gracias, yo venía a... - Te ha llamado POBRE ANCIANA, abuela. - La sonrisa desapareció de su cara, los ojos ese inyectaron en sangre y antes de que Bedulio pudiera reaccionar, le dio tal pescozón que su cabeza rebotó tres veces contra el ascensor y el canto de la puerta de mi casa. Fue algo espectacular. Cuando Bedulio cayó al suelo sin conocimiento nosotras entramos a seguir celebrando el aniversario de Pascualita.

La sirena estaba feliz. Daba saltos mortales en el acuario, dignos de una medalla olímpica que nosotras aplaudíamos a rabiar. Brindamos una y otra vez por ella y la abuela vació media botella en el agua. Entonces, llevada por la emoción del momento y la torrija que estaba cogiendo, Pascualita nos tiró besitos llevándose a la temible boca su lindas manitas palmeadas.

Cuando desde la puerta sonó la voz de la Cotilla: - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaa! - lancé a la sirena al fregadero de la cocina pero como me bizqueaban los ojos, fallé. Y mientras me partía de risa, Pascualita caía en la olla del caldo que se estaba haciendo. Con ayuda del cucharón, la saqué de allí y la puñetera, entre hipos, hizo la señal de OK. - ¡Felicidades... ¡hip... sirenita!

jueves, 21 de septiembre de 2017

La Cotilla pide un milagro.

- ¿Es necesario que se pase el día entrando y saliendo del cuarto de baño? ¿Por que no se va a trapichear por ahí como hace siempre? ¡Póngase compresas si tiene el grifo flojo, Cotilla, que ya me tiene mareada! - Que "delicada" eres boba de Coria. ¿Cómo vas a encontrar novio si eres más basta que unas bragas de esparto?

No sé que mosca le ha picado a ésta mujer que lleva unos días sin salir de casa y cada vez que voy al baño la encuentro mirando fijamente el interior del wáter. La primera vez le pregunté si se le había caído algo dentro. Me dijo que no. Mucho más tarde y preocupada por esa actitud, volví a preguntar y muy enigmática ella, contestó: - Algo tiene que salir de aquí.

Con afán de retirarla de allí, le propuse tomar unas copitas de chinchón en la salita. Como yo imaginaba, no se hizo de rogar y en un momento se bebió tres copas de un solo trago. ¡Cómo para llevarla a un circo!

Llamé a la abuela. - Llevatela a tu casa que allí tienes más cuartos de baño. - "¡Ni hablar! Los tengo limpios como los chorros del oro y no quiero que se manchen si sale por ahí lo que sea que espera la Cotilla que salga." - ¡Muy bonito! Y yo me tengo que cargar el muerto, como siempre! - Un rato después llegó la abuela y se encerró con su amiga. Escuché, pegando la oreja a la puerta del baño. - "¿Qué crees que puede salir de aquí? ¿una rata? ¿un chorro de agua sucia? ¿una papeleta para votar el 1 de octubre? ¿La peluca de Puigdemont o los tics de Rajoy...? ¡¿Qué, Cotilla?!" - Un billete de 500 euros...

- "¿Esto es Suiza? ¿No, verdad? Aquí los billetes de 500 euros no se tiran al wáter. Se los llevan los políticos corruptos y no dejar caer ni uno al suelo" - Es que... hoy no he "limpiado" los cepillos en las iglesias... y a cambio he pedido el mismo milagro de Suiza... - "Pues espera sentada, alma de cántaro."

Al quedarme sola y pensando en la conversación que había oído, decidí que si había un billete metido en el wáter, sería para mi. Fui a por Pascualita, le até un cordel largo a la cintura, le enseñé un billete de 10 euros - Busca un papel como este pero más grande. Si lo encuentras te compraré gambas frescas para comer. -  Y la dejé caer en agua del inodoro.

Solo cuando el cordel dejó de moverse recordé que ese agua era dulce ¡Pascualita se estaba ahogando... o había palmado ya!

Como no recuperaba el pulso, tuve que hacerle el boca a boca ¡que ascooooooo! Después le costó mucho recuperar su color cianótico natural. Finalmente abrió los ojos, bizqueó durante un rato hasta que consiguió fijarlos en mi. Antes de que su pequeño cerebro estuviera a pleno rendimiento, le di una copa de chinchón y la apuró hasta la última gota. Ahora duerme la mona tan profundamente que más parece estar en pleno coma etílico... Espero que no recuerde nada de lo ocurrido cuando despierte o me veo llevando las gafas de sol por casa, hasta Navidad.  

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Ratas.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! Mira que encontré el otro día en un contenedor de basura: un rastreador de metales. - ¿Seguro que lo encontró en la basura? - ¿Qué insinúas, boba de Coria? ¿Me estás llamando ladrona? ¡Pues que sepas que éste aparato estaba apoyado en la pared de una ferretería que está junto a un contenedor de basura! - ¡¿Lo ve?! ¡Yo tengo razón! Se lo ha llevado por la patilla, Cotilla. Y encima me ha salido un pareado. - Que cruz tiene tu abuela contigo.

Hablando del rey de Roma, la abuela entró en casa seguida de su mayordomo portando una bandeja de canelones que olian a gloria. - "¿Qué te ha hecho mi nieta ahora?" - Llamarme ladrona. - ¡Eso lo ha dicho usted! - "¿Por limpiar los cepillos de las iglesias?" - Por llevarse este buscador de metales de una ferretería. - "Cotillaaaaaaaaaaa..." - Estaba en la calle, apoyada en una pared... - "Siendo así..."

La Cotilla nos estuvo contando su aventura en la playa. - Pensé que me forraría de oro con éste trasto pero lo único que ha encontrado son chapas de refrescos y anillas de cerveza. Menudo fiasco el artilugio. Menos mal que me ha salido gratis... Y he visto una cosa que me provocado trstorno, preocupación, en fin, que no me ha gustado - "¿Qué era?" - Veinte ratas muertas en la arena - ¡Que ascooooooo, Cotilla! ¿Las ha visto cuando salía del agua?  - ¡¿Yoooooooooooooooo?! ¿Cuándo me has visto en remojo? - Ahora que lo pienso... nunca.

La Cotilla se hizo la remolona antes de contarnos su preocupación - Dicen que tocamos a un montón de ratas por cada ciudadano. Pongamos que veinte... entonces me pregunto ¿esas ratas muertas eran las mías? Las que me corresponden según la estadística... - ¡Menuda preocupación! Mejor si están muertas... ¿no? - Pues no lo sé, alma de cántaro porque si el Ayuntamiento me las hacen pagar ¿qué hago? - "¿Pagar? ¿por qué, Cotilla?" - Por no cuidarlas y abandonarlas a su suerte. Si eran mías ¿tenía la obligación de cuidar de ellas? ¿estar al tanto de sus andanzas? ... Solo me faltaba que me multaran si apenas me llega la paga hasta fin de mes... Voy a ver si me informo por ahí. - "¿No comerás canelones?" - Pónme dos raciones, nena. Separadas. - ¡Que avariciosa es usted! ¿No le basta con una? - Una es para mi y la otra para venderla mejor postor.

Sentadas en el sofá de la salita, la abuela y yo le dimos unos tientos a la botella de chinchón mientras buscábamos la mejor postura para intentar dormir la siesta... Como añoro a los ciclistas.

martes, 19 de septiembre de 2017

Billetes de 500 euros.

Le puse a la abuela las peras a cuartos en cuanto a su trato con Pascualita, cosa que no les gustó a ninguna. La abuela me gritó y llamó de todo mientras la sirena me escupía agua envenenada. - "¡No eres quién para decirme cómo tengo que tratarla. Y para que sepas quién manda aquí, ahora mismo me llevo a mi casa!" - ¡No te atreverás! - "Es más mía que tuya. A mi me cura el asma tenerla cerca" - Eso son patrañas, abuela. - "¡Te digo que me la llevo y me la llev...!"

Le arranqué a Pascualita de la mano en cuanto oímos - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! - y la tiré contra el acuario. Con las prisas no calculé y quedó expuesta en la mesa del comedor, junto a la botella de chinchón y no me dio tiempo a cogerla de nuevo porque la Cotilla entró. - ¡Vengo con los pelos de punta! ¡Mirad, mirad! ¡Ay, si yo mandara en éste país, la que iba a liar! - ¿No querrá hacerle un altar a los politicos otra vez? - ¡Para altares estoy yo! ¿Cómo se puede atascar un vater con billetes de 500 euros? - Fácil. Se tiran muchos billetes dentro y ya está. Pero eso no pasará nunca. En mi casa por lo menos. ¿Y en la tuya, abuela? - "¡Ni loca!"

- ¡Pues ha pasado en Suiza! Yo tendría que haber estado en ese restaurante. Hubiese desatascado, a mano si fuese necesario, ese vater... ¡Con la boca, incluso! Pero si había una millonada en pesetas. Hay que estar muy borracho para hacer algo así... ¡Tengo la boca seca del disgusto!

Corrió hacia el chinchón, se llenó una copa y al dejar de nuevo, la botella en la mesa, lanzó un alarido que nos heló la sangre. La Cotilla corría despavorida. - ¡Que ascooooooo. Que ascooooooooo! ¡Llamad a los bomberos! Allí hay un bicho asqueroso.

Metí a Pascualita en mi escote a la velocidad del rayo y volví a encauzar la conversación. - ¿Quién hizo una cosa así? - Tres locas españolas. - ¡¿En serio?! - La sirena se removía peligrosamente y a mi no me llegaba la camisa al cuerpo por el miedo que le tengo a sus mordiscos. Mientras, las dos amigas hacían cábalas sobre lo que pudo llevar a las españolas a embozar el vater de un resturante suizo.

 - Debieron sacar el dinero de España y una vez en el extranjero fueron a picar en corral ajeno. Les habrían hablado de un personaje que era un fenómeno en cuanto a malabarismos sexuales y no les importaba pagar el oro y el moro por estar un rato con él... Resultaría ser un fiasco ¡Pues claro! si la mejor ganadería la tenemos aquí - ¡Cotilla, no se desmadre! - En vista del "éxito" prefirieron tirar el dinero al vater, aún a riesgo de atascarlo como así sucedió, a dárselo al fantasma de turno. - Yo me lo hubiese quedado... (la voz de la Cotilla era compungida)  - Ya, pero usted no es rica... ¿Qué opinas, abuela? - "Que las hay gilipollas"

lunes, 18 de septiembre de 2017

Saldré en los periódicos.

Temo que mi abuela es una mala influencia para Pascualita. Se adoran mutuamente y la pardala de la sirena le hace caso en todo, en cambio a mi que me parta un rayo... Vale, lo reconozco, estoy un poco celosa... bueno, celosa... ¡muy celosa! así que, desde ahora queda prohibido todo contacto entre ellas dos.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaa! ¿Eras tu la que hablaba sola? - Claro, Cotilla. si estoy sola con quién voy a hablar? - ¿Con el anticristo? - ¡No diga mamarrachadas! - No voy muy desencaminada porque decías algo sobre tu abuela. - ¡Mire que es cotilla, Cotilla! Pensaba en voz alta, eso es todo.

En cuanto la vecina se fue, después de dejarme sin el chorizo que guardaba para echarle al potaje de bote para el mediodía, llamó la abuela. - "¿Qué pasa conmigo?" - Tu sabrás. - "¿Me estás echando mal de ojo?" - ¿A cuenta de qué? - "Dímelo tú" - Abuela,¿estás dispuesta a que nos pasemos la mañana teniendo una conversación de besugos? - "Yo no tengo prisa, el mayordomo hace la comida jejejejejeje" - ¡Ya sé que eres rica! No hace falta que me lo restriegues por la cara. - "Será por el OIDO, que es donde tienes el teléfono, boba de Coria"

Así nos pasamos más de media hora. Me dio tiempo de prepararme un chinchón on the rocks, bebermelo tranquilamente. Dejar que la sirena tomara un poquito, lo suficiente para ponerse a dar saltos mortales del borde del acuario a la mesa del comedor. Cuando repitió, porque se pone muy insistente la muy borde, ya no atinó y se estrelló contra el espejo del aparador. Eso sí, el salto fue de campeonato. - "¿Qué ha sido éste golpe que he oído?" - ¿Qué golpe, abuela? No he escuchado nadaaaaa... - "¿No será Pascualita?" - Noooooo... Además, no está. Se la he dejado al señor Li para que le enseñe a hablar chino. - "¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeee?! ¡Se la comerá, insensata!" - La aventura es la aventura, abuelitaaaaaa. - "¡No te creo!" - ¿Y a la Cotilla, sí? - "¡No me ha dicho nada!" - Te dejo. Voy a seguir hablando con el anticristo jijijijiji... ¡hip!.... - Y colgué. Un microsegundo antes de sentir el piiiip del teléfono, me pareció escuchar un empiece de grito del abuelito y Geooorge, mezclado con el poom de una caída... Aunque quizás solo fueron imaginaciones mías.

Llamaron a la puerta. Bedulio venía con un compañero. - Estira los brazos (me dijo). - ¡Plas! me puso las esposas - Quedas detenida por atentar contra la vida de tu abuela... Si cuando yo decía que no eras trigo limpio... - Aquello me enfado de tal modo que grité con todas mis fuerzas - ¡¡¡ABUELITOOOOOOOOOOO!!! - Y el Municipal corrió escaleras abajo como si, realmente, le persiguiera el ánima de mi primer abuelito.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Parece que amaina la tormenta.

Ha vuelto a salir el sol y los ánimos, entre los vecinos, se van calmando. Incluso una mujer me ha dicho - Hay que ver lo graciosas que son tu abuela y sus amigas (incluso se le ha escapado una lagrimita) Cuando cantaron Quisiera ser, del Dúo Dinámico, volví a mis trece años, mis trenzas, el uniforme del colegio, los primeros chicos que me hicieron tilín, ¡lo guapísimos que eran Ramón y Manolo!... que recuerdos tan bonitos. Lástima que se rompiera el hechizo con el aguacero que nos cayó encima por su culpa porque ¡mira que cantan mal, las jodías! Aún estoy sacando agua de mi casa.

- Según ésto, entre sus fans hay división de opiniones, abuelito. Creo que no es oportuno que aparezcan aún por aquí. - Eso mismo le he dicho a tu abuela ésta mañana pero insiste en volver y como es tan cabezona quizás esté al caer.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaa! - ¡Cotilla! ¿Qué hace aquí? - Vengo a desayunar. Toma, magdalenas del contenedor del súper. - A ver qué día se estira y las trae frescas. - Cuando me suban la pensión. - Le cojo la palabra...¿Dónde está la abuela? - En el Ayuntamiento. Ha ido a ver a Bedulio. - ¡Le ha puesto una demanda!

Hacía dos horas que habíamos desayunado cuando llegó la abuela. - "Bedulio ha retirado la demanda" - ¡Eres una artista, amiga! (reconoció la Cotilla)

Llamaron a la puerta. Eran unas vecinas de la finca que vivían en pisos altos. - ¡Venimos a felicitaros por la actuación! Que bien lo pasamos. Esto se tiene que repetir. - "No sé... hay quién se ha quejado porque llovió un poco..." - Es que la gente no aguanta nada. ¡Ni caso! - "¿No se os inundó la casa?" - No entró ni una gota. - "Pues otras dicen que ..." - Son unas exageradas, de esas que te cuentan sus partos y sales corriendo. - "Entonces..." - ¡Firmádnos un autógrafo!

Las dos amigas se relajaron después de la visita de las vecinas y la botella de chinchón fue de mano. - "Tiene razón... ¡hip!... el refrán que dice que nunca... hip!... llueve a gusto de... ¡hip!...  todos."

sábado, 16 de septiembre de 2017

Idolos caídos.

Llamé a la abuela. - ¿Yesssss? - Geoooorge, pónme con mi abuela, plis: - Madame no estar here. - Pues con el abuelito. - Mister no estar here. - Sí que está, inglés de las narices, porque le oigo toser ¡Pásamelo! - You no simpáticau.

-  ¿Dónde está tu mujer? - Hola, nena. Pues creo que ha emigrado a Pernambuco junto con el resto del trío Lalalá. - ¿También las han contratado allí? - No. Se trata de un exílio temporal y autoimpuesto. - De qué va ésto, abuelito? - De que han huído, literalmente. - ¿No han podido soportar el peso de la fama? - Estas soportan lo que les echen menos las críticas. - ¿Han tenido críticas negativas? - ¡Ya lo creo! Sobre todo a causa de la lluvia que provocaron cantando. Ya le dije a tu abuela que no hicieran un repertorio tan largo porque acabarían con las voces rotas... que ya de por sí (y esto te lo digo porque no está tu abuela a la vista) tienen muy cascadas. - ¡Huy si te oyeeeee! - Ni se lo comentes.

Así fue como me enteré de que, lo que en principio fue un éxito, se volvió fracaso cuando el diluvio convirtió las calles en torrentes desbordados. - ¿Te das cuenta, Pascualita, de lo veleta que es la gente? Las pobres pasaron en un momento, de ídolos orgullosos a ídolos caídos. No somos nadie... y dicen que las van a demandar...

Sonó el teléfono. Era la abuela. - ¿Dónde estás? - "No te lo puedo decir por si han pinchado el teléfono" - ¿Quién lo va a pinchar? (no salía de mi asombro) - "Bedulio mismo. Se le anegó la casa de agua y nos da la culpa a nosotras. Ni que hubiésemos bailado la Danza de la Lluvia" - Creo que tendréis que practicar para dominar este poder que tenéis y ponerlo después al servicio de la Comunidad. - "¿De qué hablas, boba de Coria?" - De hacer llover a gusto del consumidor. Deja lo del marketing a la Cotilla y nos haremos de oro. - "¿Tú por qué?" - Porque te he dado la idea. - "Si me la has dado ya no pintas nada en el negocio" - Y me colgó.

- Tengo que aprender a tener la boca cerrada ¡¡¡Mecáchis en la mar, Pascualita!!! - La sirena pareció (eso quiero creer) mirarme con desprecio... he hizo la señal de OK. Esto me enfureció aún más. - ¡Acabas de quedarte sin chinchón, sardina mal hecha! - El OK se convirtió de inmediato, en una salida brusca hacia afuera, de sus pequeños pero temibles, dientes de tiburón y me tragué mis palabras poniéndo delante del frutero, una copa llena de chinchón para ella.

 


viernes, 15 de septiembre de 2017

¡Un éxito!

¡Ha sido todo un éxito! La madre que las parió. El trío Lalalá ha triunfado por todo lo alto, lo cual quiere decir que no me las voy a quitar de encima ni con agua caliente. Ni a ellas ni a la moto que Ñoñi mete por todas partes. Al final tendré que pedirle a Bedulio que suba a casa a dirigir el tráfico porque lo mismo la encuentro en el baño, que en la cocina, que acelerando por el pasillo. Esta mujer es un peligro público número uno.

El escenario se ha colocado debajo de casa porque aquí la calle hace una especie de placita. Dos horas antes de que empezara la verbena ya había gente dispuesta a aplaudir lo que fuera que cantara el trío Vejestorio... digo, Lalalá.

Se asomaron al balcón y de la calle se alzó un griterío ensordecedor: - ¡Mirad, las artistas! ¡Oé, oé, oé, oéeeeeeeee! ¡Guapaaaaaaaaaaaaas! ¡Que canten, que canten! ¡Que monas, nos tiran besitos! Pues no parecen tan mayores vistas desde aquí... - etc. etc.

La abuela se empeñó en llevar consigo a Pascualita para que viera su actuación lo más cerca posible. Y aunque protesté enérgicamente, me tuve que dar con un canto en los dientes cuando la metió en el termo de los chinos y se lo colgó del cuello.

- ¡Vamos, vamos, que se hace tarde! (gritó Conchi mientras en su teléfono sonaba, por enésima vez, Paquito el chocolatero) - ¿No puede cambiar esa música? (me quejé porque ya la tenía metida en el cerebro) - ¿No te gusta? Eso es porque no la has escuchado suficientemente (dijo Conchi poniendo su carita más angelical)

Una vez sobre el escenario y aplaudidas a rabiar por el público asistente, dio comienzo su actuación. Andresito y yo no quisimos bajar, por miedo a que la gente se cebara en nosotros cuando vieran que las cantantes eran un fiasco y vimos la actuación desde el balcón.

Las "chicas" se movían con gracia al son de la música de los 60 que salía de un tocadiscos recuperado del baúl de los recuerdos. En el escenario había de todo: lentejuelas, flores hippys, plumas, minifaldas que apenas eran un taparrabos, botas con tacones altísimooooooos, una moto y... muchos gallos.

De pronto, un trueno retumbo con una fuerza inusitada y la gente gritó enfervorecida como si aquello formara parte del espectáculo. El rayo había caído cerca y afectó al tocadiscos que se incendió de inmediato. - ¡¡¡Que guaaaaayyyyyyyyyyyyyy!!! (gritaba el público)

Antes de que pudiera llamar a los bomberos, porque el fuego se escampaba por todo, incluso por las ramas más bajas del árbol, cayó el diluvio. En poco tiempo la calle se convirtió en río y los vecinos, en lugar de correr a refugiarse en sus casas, siguieron bailando en la calle porque: - ¡¡¡Gracias, trío Lalalá. Habéis acabado con la sequiiiiiiiaaaaaaaaaa!!!

jueves, 14 de septiembre de 2017

¡Un contrato!

Poco a poco, en mi escalera se van acostumbrando a las voces desaforadas de las tres cantantes. Naturalmente ellas creen que son como los Tres Tenores en femenino y cada día gritan más. Porque esa es otra: la abuela dijo que ensayarían en mi casa, de vez en cuando, pero lo hacen cada día. Cuando se lo comenté dijo que no estaban para perder el tiempo. Comprendí que quería decir que, dadas sus edades tan avanzadas, les quedaba poco tiempo para disfrutarlo juntas.

Algo debió ver en mi mirada compasiva que, a la velocidad del rayo, me cayó otro pescozón de los que hacen época. - "¡No es lo que piensas, boba de Coria! Es que se acaba el verano y nos gustaría actúar en las últimas verbenas" - Está convencidas que las contratarán. Que ilusa jajajajajajaja

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! ¡Oído, cocina! He conseguido un contrato para que actuéis en una verbena de barriada. - ¡Yupiiiiiiiiiiiiii! - gritó el Trío Lalalá a unísono.

El vecindario estaba revolucionado con las tres amigas, a pesar de que nadie se acordaba o había oído hablar de ellas como cantantes, pero las encontraban "adorables" "encantadoras" "originales" etc. etc. etc. Originales, sí eran: la abuela con sus minifaldas, lentejuelas, plumas, colorido de la cabeza a los pies y taconazos de cuyos zapatos salían unas piernecitas que ya quisieran muchas. Conchi era modosita, buena como ella sola y más despistada que un pulpo en un solar. Siempre con su móvil a cuestas con Paquito el chocolatero como musiquilla. Me parecía raro que sonara en los sitios más intempestivos hasta que supe que lo tenía programado. Era su contribución humorística diaria. Y Ñoñi, la brusquera con su moto de inválida, convertida en el terror de los peatones que se le ponían  por delante y que, en cuanto te despistabas, ya estaba hablando de dinero.

Gracias a las voces que daban las amigas, las vecinas se enteraron de lo del concierto y entraron en tropel a felicitarlas y enterarse de dónde sería. - ¡¡¡Aquí, en el barrio. En Pere Garau!!! - La que se lió. En un santiamén se vació una botella de chinchón a la que nadie le hizo ascos.

Camuflada en el frutero, Pascualia convertida en la fan número uno del Trío Lalalá al que escuchaba embobada, no perdía rípio y festejaba la buenanueva haciendo la señal de OK. Menos mal que nadie la vio.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

El trío Lalalá.

En tropel han entrado la abuela y la Cotilla en casa. - ¿Estáis haciendo una carrera? - pregunté después de hacerme a un lado para evitar que me atropellaran. - "¡Después de cincuenta años sin vernos, nos hemos topado con nuestra amiga de la infancia!" (gritó, fuera de sí, la abuela) - ¿Otra? - ¿A qué te refieres, boba de Coria? - Pensaba que erais solo vosotras dos y ya me daba por contenta. - ¡Que cruz tienes con tu nieta! - "Pues estabas equivocadas porque éramos ¡cuatro!" - ¿Y no os véis desde pequeñas? - "No he dicho eso pero... practicamente, sí ¿verdad, Cotilla?" - Practicamente... sí. - Pues no me salen las cuentas. Tendría que hacer más años porq... ¡¡¡AAAAAAAAYYYYYYYYY!!!

Menudo pescozón me llevé de la abuela. No quise replicar pero ¿cómo van a ser cincuenta años si están rondando los cien? - "¿En qué estás pensando? (El tono de su voz era amenazador) - En... en lo que voy a... comer hoy.

- "Prepararemos una buena jarra de chinchón on the rocks porque en un ratito estarán aquí" - ¿Quiénes? - "Las dos que faltan" - Desistí de entenderla y fui a ponerme agua en la cabeza. Pascualita, sentada en el borde del acuario, me enseñó sus dientecitos de tiburón en lo que, creo, fue una sonrisa.

De repente, la casa se llenó de gritos, risas y ronroneo de un motor. Corrí al comedor y allí estaban la abuela, la Cotilla, Conchi y una desconocida y motorizada mujer que, deducí, era la amiga "encontrada" - ¡Oiga, no puede entrar aquí con la moto! (no pude callarme) Esto no es un circuíto de carreras sino una casa decent... - "¡Mira, nena, es Ñoñi! siéntate que vamos a dejarte con la boca abierta." - Y sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, tres de ellas se pusieron a cantar como grillos. Estuve tentada de taparme las orejas pero me acordé del pescozón y decidí que con uno ya iba servida.

Llamaron a la puerta. Una vecina, preocupada, preguntó qué que le estaba haciendo al gato. Cuando le dije que no tenía se preocupó todavía más. - ¿No pensarás hacer gato con cebolla, verdad?

El "concierto" se fue alargando a medida que trasegaban copita tras copita de chinchón fresquito. Afortunadamente fueron quedando afónicas. - "¿Qué te ha parecido, nena? estamos un poco desentrenadas pero  en cuanto ensayemos unos días, volveremos a ser el famoso Trío Lalalá" - ¿Pero
no sois cuatro? - "La Cotilla no cantaba. Era nuestra representante" -

De repente, una idea espantosa me vino a la mente. - ¿Ensayaréis en la Torre del Paseo Marítimo, verdad? - "¡Claro que no! Vendremos aquí para que te deleites con nuestras melodías" - Me lo temía.

martes, 12 de septiembre de 2017

De palique

He sacado a Pascualita a que le de el aire y deje de pensar tanto en el mar porque ni me atrevo a tirar de la cadena del water, ni abrir un grifo, ni tirar un cubo de agua por el balcón (si estoy fregando el comedor, me pilla más cerca que el cuarto de baño)

He pensado que tal vez la sirena esté atravesando la menopausia y sus hormonas, revolucionadas, la tienen majareta. Tendré que comentárselo a un veterinario aunque, en lugar de sirena diré sardina...

Cuando llegó la abuela y Conchi (su amiga), nos fuimos las tres en busca de distracción camino de la Catedral. Desde allí Pascualita vería el mar y calmaría su furor. Pero no fue posible porque el día amenazaba lluvia, en el puerto estaban atracados cuatro cruceros y los turistas que prefirieron caminar bajo paraguas, se lanzaron a las calles de Palma agobiándose ellos y los sufridos palmesanos.

Desde la explanada de la Catedral no veíamos nada. Los turistas tienen el defecto de ser más altos que nosotras y la única solución es ir a la parte de arriba e intentar meterse en algún hueco. El intento dio resultado y nos sentamos en el poyete del mirador.

Pascualita asomó la cabeza por el borde del termo de los chinos. Se la notaba nerviosa. En el móvil de Conchi sonó Paquito el chocolatero y en un pis pás, los turista bailaban al compas y gritaban ¡¡¡Heeeeey!!!

Mientras, poníamos a caer de un burro a los guiris que se nos ponían a tiro y nos estuvimos riendo un buen rato. Hablábamos y hablábamos sin parar porque los extranjeros, por una razón u otra, nos ponían los chascarrillos a huevo. Por eso no me di cuenta cuando Pascualita saltó del mirador a una enoooooorme pompa de jabón que hacía un hombre con unos palos y una cuerda.

Llegó un momento que se nos acabaron las risas y las guasas a costa de los guiris. Teníamos las lenguas hinchadas de tanto palique. - "En cuanto llegue a casa, la pongo en remojo" - Y yo. - ¡Yo también! - Miré abajo. El hombre, con la pompa de jabón gigante, había atrapado una cosa que se arrastraba. - En cuanto reconocí "la cosa", grité: - ¡¡¡PASCUALITAAAAAAAAAAAAAAA!!!

La abuela y Conchi, pese a los años y los tacones de aguja, corrieron escaleras abajo pero se interpuso el hombre de la burbuja. ¡Nadie iba a fastidiarle el negocio robándole lo que el Destino le mandaba y tanto estaba gustando a los guiris! - Al verse acorralada por nosotras, Pascualita dio un salto mortal para alejarse. ¡No quería que la cogiéramos!y pasó de cabeza en cabeza hasta que la  agarré en el momento en que tenía los finos y cabellos rubios de un alemán de dos metros de alto, entre sus manitas. Tiré de ella y la atrapé, elogiándole, mentalmente, el arte que tiene dejando calvorotas a quien se le pone a tiro.

lunes, 11 de septiembre de 2017

S.O:S: Pascualita en peligro.

Es necesario que Pascualita y yo tengamos una charla de mujer a media mujer porque, no puede ser que cada vez que escucha caer el agua de la cisterna del water se ponga como loca, tirándose del acuario al suelo y reptando como una cobra camino del baño para, si no la sujetase, tirarse de cabeza al inodoro.

Tengo el guante de acero a mano para no perder tiempo buscándolo. Puede que en su estrafalaria cabeza se haya formado la peregrina idea de que el ruido de la cisterna es el del mar. Le recuerde al oleaje y crea que ese es el lugar de entrada a su hábitat natural.

Tengo que tener la puerta del baño bien cerrada porque no me puedo pasar el día pendiente de la sirena. Lo malo es cuando están aquí o la Cotilla o la abuela, o las dos a la vez. Cuando una se levanta para ir al baño, a la otra le entran las ganas y ante éste panorama, he acabado poniendo una tapa de metacrilato sobre el acuario para que el bicho no salte fuera y muera aplastada por las prisas de las dos amigas que salen corriendo pasillo adelante. Luego salen diciendo - "¡Ay, no podía aguantar más! y total, solo he hecho unas gotitas..."

Si no hacemos algo, Pascualita entrará en depresión y no conozco ningún psiquiatra de sirenas que se la pueda aliviar. La abuela, ante esta tesitura, me aconsejó que la llevara a dar un paseo en uno de esos barcos para turistas que tiene el suelo de cristal para ver el fondo del mar. No lo catará pero lo verá. Lo malo es que la verán a ella los que manejan el barco y eso no puede pasar. Entonces recurrimos a Andresito. El tiene influencias y a pesar de que la mayoría de sus amigos de partido están en prisión, seguro que queda por ahí alguien que pueda ayudarnos a satisfacer éste capricho sin meter las narices en lo que estemos haciendo durante la travesía.

Los abuelitos vinieron a casa a comer la paella que traían. - Nena ¿a qué viene tanto misterio con lo del barco? - La abuela saltó. - "¡Ya te lo he dicho en casa! conocemos a una sirena que quiere ver de nuevo "su casa"! (yo tragué saliva) - Hummm. A mi me gustaría ver a la sirena. Debe estar de toma pan y moja jejejejejeje. - "Yo soy tu sirena, truhán" (la voz de la abuela se había convertido en un canto a la lujuria mientras se acercaba cimbreante al abuelito) - Vale, valeeeee jajajajajaja Podéis ir cuando queráis a pasear a vuestra sirena... ¿Me cantarás al oído, sirenita mía?

 




domingo, 10 de septiembre de 2017

¡Se acabó!

- Desde ésta tarde vivo sin vivir en mi. ¿Pero qué mal hacían los pobres para que les hayan clausurado el programa? ¡Ninguno! Era un bien para la Humanidad y encima tenían entretenido al Pinocho Mayor del Reino y dejaba de hacer de Don Tancredo en un lado para pasar a hacerlo en otro... ¿Quién me arrullará, a partir de ahora, a la hora de la siesta? ¿Quién? ¡¡¡¿QUIEEEEEEEN?!!!

Todo esto se lo estaba explicando a Pascualita ,sentadas ante el televisor, mientras abundantes lágrimas manaban de mis ojos. La sirena, harta de la lluvia que le caía encima, me enseñó la dentadura y yo entendí, rápidamente, su mensaje. Hice un esfuerzo sobre humano para calmarme pero me era imposible ¡Que llorera me había entrado! Y mientras, los ciclistas de la Vuelta a España seguían rodando por Madrid en su última carrera hasta el verano que viene.

- Eres un bicho insensible, Pascualita y eso que tu también duermes a pierna suelta viéndoles pedalear, bajo un sol de justicia, cada vez que abrimos los ojos porque suena el teléfono y una teleoperadora, con el suave acento del otro lado del Atlántico nos interrumpe la siesta. Menos mal que los ciclistas calmaban nuestra ira y en seguida nos invadía el sopor y dormíamos como ceporras.

Cuando se me pasó el disgusto preparé chinchón on the rock a pesar de la traidora bajada de temperaturas. Esto debe ser cosa del Gobierno para tenernos entretenidos, aparte de los deportes, porque nunca está demás una ayudita que nos aparte los malos pensamientos.

Decidí poner al mal tiempo buena cara y nos tomamos los chinchones con cañita... Pensé que era una buena idea. Los alemanes del Arenal beben así sus cervezas ¿por qué no hacerlo nosotros que somos los autóctonos de ésta tierra?... ahora estamos mal... muy... mal...

Pascualita tiene el color ahogado más acentuado y me temo que yo también... aunque tal vez sea porque vamos en barco y el suelo se mueve... pero me sorprende que el camarote se parezca tanto... al comedor de casa... con balcón y árbol de la calle, incluídos... ¡hip!



sábado, 9 de septiembre de 2017

El reportaje

Me senté con Pascualita a ver un reportaje sobre el Mar que daban en la tele. Me aprovisioné bien de pipas, una jarra de chinchón on the rocks, almendras fritas y saladas y una bolsa de patatillas. No hay nada que me de más hambre y sed que tirarme un rato en el sofá sin hacer nada.

Puse a la sirena en antecedentes de que lo que íbamos a ver para que estuviera atenta a la pantalla y se recreara con escenas, paisajes y criaturas de su hábitat natal. Pero a Pascualita le cuesta centrarse. Tal vez sea por la posición de sus ojos que, aunque parezca tenerlos frontales, no es así porque la cara no llega a ser plana, por eso para mirar tiene que ladear un poco la cabeza como si fuera un conejo.

La coloqué sobre mis rodillas y en cuanto escuchó el primer crack de la cáscara de pipa que partí con los dientes, toda su atención se centró en mi. A riesgo de quedarme sin dedos, le di la pipa y la pulverizó con esa cantidad de dientes que tiene y partir de aquí me convertí en la abre-pipas más rápida del mundo y parte del extranjero. No daba abasto la tía.

Empezó el programa con unas imágenes espectaculares. - ¡Mira lo que sale en la pantalla! ¿Es tu casa, Pascualita? - Solo se dignó mirar una vez cuando se vieron las olas grandes desde debajo del mar. Pero fue solo un segundo porque había probado las almendras fritas y no podía parar de comerlas.

Cogí una y se tiró a por mi mano, suerte que de el manotazo que le di, salió rumbo a la ventana y acabó sobre el árbol de la calle. Tuve que "pescarla" y entre una cosa y otra, el reportaje seguía sin pena ni gloria para la sirena.

De repente una cosa blancuzca y larga se deslizó ante la pantalla ¡Y los pelo-algas de Pascualita se erizaron! - ¿Qué bicho será esto? - Naturalmente no me lo dijo pero sí sacó la dentadura de tiburón a pasear. Impulsándose con la cola se estampó contra la pantalla del televisor e intentó morderla lanzando dentelladas a diestro y siniestro - ¡Para, loca, que lo vas a romper!

Todo lo comestible que había traído yo estaba esparcido por el suelo de la salita. Lo había tirado Pascualita con el movimiento de su cola. Menos mal que la jarra de chinchón se salvó.

Poco a poco, la imagen de la pantalla se fue alejando y se vio claramente que se trataba de un calamar gigante que vivía en lo más profundo de los océanos. - ¿Era eso lo que comías cuando vivías en tu casa? Pues ahora mismo voy a comprarte uno. - Al volver de la pescadería metí el calamar en el acuario. La sirena se le acercó. Lo tocó, rodeó,  movió, sacudió y ... ¡lo sacó fuera del acuario! Después se asomó al borde y me tiró un chorrito de agua envenenada que me dio en todo el ojo.

Una vez pasado el mal rato de los dolores, ahora tengo un ojazo que a punto está de salirse de la órbita y otro pequeñito, o sea normal. Nunca he visto un bicho más desagradecido... ¿Deben gustarle los calamares vivos? Pues menos mal que no se lo he traído frito a la romana, que ha sido mi primera intención...

jueves, 7 de septiembre de 2017

Palmo y medio.

Menudo cabreo he cogido con la vecina de encima de mi casa. Siempre le da por regar las plantas del balcón a la hora más intempestivas, por ejemplo: cuando yo salgo a ver qué pasa en la calle. Estoy harta de decirle que me pregunte si voy a asomarme o no pero la muy bruja debe disfrutar regándome porque no me lo ha preguntado nunca.

Un día tuvo la desfachatez de contestarme: te riego para ver si creces, Palmo y medio. - Huuuuy, allí no se armó Troya porque no la entendí bien. Fue más tarde, cuando otra vecina que también estuvo asomada, me "tradujo" la frase. Sentí que la sangre me hervía como la lava de un volcán y apunto estuvo de salirme por la boca junto a todas las maldiciones que se me ocurrieron en ese momento. - ¡¿Me has llamado Palmo y medio, grandísima chafardera?! (grité desaforada desde el balcón) - Por lo visto la de arriba no estaba o se hizo la sorda porque no salió a replicarme. Eso sí, se enteró toda la calle del mote que me puso.

Lo sé porque cuando entré en la panadería empezaron las risitas. Lo mismo ocurrió en el mercado donde, por cierto, quien más se reía era Bedulio que esa mañana hacía la ronda por allí. - ¿Cómo has dicho que la ha llamado? (le gritó una pescadera muerta de risa) - ¡Palmo y medio! jajajajajajaja - Esto no podía quedar así. Casualmente llevaba a Pascualita en el termo de los chinos para que viera el ambiente del mercado.

Me acerqué al Municipal por la espalda, miré en derredor y le lancé a la sirena. El animalito, temiendo caerse, clavó la dentadura de tiburón en una de sus nalgas rollizas y se escuchó un grito desgarrador, seguido de otro más desgarrador aún cuando arranqué a Pascualita, junto con un pedacito de carne mechada con un poquito de uniforme.

Inmediatamente me perdí entre la gente que corría para ver qué pasaba. Nadie se fijó en mi y llegué a casa con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Pero no terminó ahí la cosa. Esperando el ascensor estaba mi vecina de arriba, recién salida de la peluquería. Esta vez Pascualita aterrizó sobre el peinado lleno de laca para que le durara una semana entera... cosa que esta vez no fue posible y no lo sería durante bastante tiempo, hasta que le creciera de nuevo el pelo que la sirena le arrancó en un santiamén.

Mientras la vecina era un mar de lágrimas y gritos, yo hice como que acababa de llegar y pasé inadvertida entre las vecinas que no paraban de preguntar ¿Qué te ha pasado?

En casa, Pascualita y yo, celebramos con chinchón el éxito de la venganza.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

El carrito de la compra.

En el buzón he encontrado un anuncio de una nueva droguería y para festejar el estreno del negocio hace una oferta de pinturas acrílicas. Los precios bajísimos y el 2 x 1, me han decidido. Me he colgado el termo de los chinos al cuello. Siguiendo la costumbre de la abuela, me he llevado a Pascualita para que aprenda lo que hay que hacer cuando se encuentran ofertas que valen la pena.

Una esquina antes de la droguería me he encontrado con una larguísima cola de personas que, como yo, llevában el carrito de la compra para cargar cuantos más botes de pintura, mejor.

Después de pelearme con unas jubiladas que querían colarse, he logrado llegar al mostrador antes de la una. Ya veía que me quedaba sin comprar después de estar de plantón toda la mañana. Al fional he tenido que ir a comer a un comedor social donde he tenido que hacer una cola más larga si cabe.

Pascualita estaba harta de tanto encierro en un sitio estrecho y ha saltado dentro del carrito sin que me diera cuenta.

Tantas horas de plantón me han puesto los pies hinchadísimos y apenas podía caminar ¡Que dolor! y que ganas de llegar a casa, poner la Vuelta a España y sentarme en el sofá de la salita para dormir a pierna suelta pero, mi gozo en un pozo.

A penas me había alejado unos cien metros del comedor social, mi vuelta a casa fue interrumpida por dos vehículos policiales que, con las sienas a todo trapo , me ha dado un buen susto. Cuando los coches se han cruzado delante de mi impidiéndome el paso, el corazón ha estado a punto de salirme por la boca ¡Están rodando una película de guardias y ladrones y me han pillado en medio! ¡Voy a salir en el cine!

Los policías se han apeado de inmediato y pistolas en mano me han ordenado que me tirase al suelo ¡Estaba tan encantada que me he tirado varias veces para que el director elija la mejor toma! - ¿Se puede saber qué hace? (me ha gritado un guardia) - Facilitar el trabajo al director ¿no lo ves?

El otro policía me esposó las manos a la espalda. - ¡Que incomodidad! Habérmelas puesto delante. Es que no dais una. - ¿De qué habla? (preguntó un guardia al otro) - Se está haciendo la loca, como todos. (luego, dirigiéndose a mi, dijo) - ¿Quién es el muerto? - Perdona pero no puedo responder a eso porque nadie me ha dado un guión ¿Llevas uno? - Señalaron el carrito de la compra y el reguero rojo que, gota a gota, caía de él.

- ¿Qué es eso? (exclamé) - Eso queremos saber. - ¿Lo habéis puesto vosotros? (pregunté, algo mosqueada) - ¿Nos acusa de colocar pruebas falsas? ¡se le va a caer el pelo! - ¡Ya está bien! Por muy actores de cine que seáis, no tenéis derecho a mancharme el carrito. - Vale, si no quiere hablar, ya se lo contará al Juez. - ¡Muy bien! Y ahora desatadme que no me gusta éste juego.

Tardé un buen rato en advertir que la cosa iba en serio y de cine, nada de nada. Los policías fueron alertados por alguien que vio salir un reguero rojo del carrito, muy cargado de botes de pintura ¡Pensaron que había matado a alguien y desangraba mientras iba camino de mi casa.

Finalmente se descubrió que la supuesta sangre era kepsup de una botella que compré el día anterior y se me olvidó ponerlo en la despensa. Fue Pascualita quién le hincó el diente al bote de plástico, del que bebió hasta hartarse, luego se quedó dormida con el traqueteo de las ruedas del carrito sobre las baldosas de la acera. Aclarado el entuerto, con los pies metidos en un barreño con agua y sal, voy a hacer la siesta con un poco de retraso.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Oculista.

Hoy no tenía nada que hacer y he dicho: - Pascualita, vamos a la consulta del oculista a que me hagan pruebas. Con ella viendo el panorama desde el termo de los chinos, he cogido el autobús y le he dicho al chófer. - Llévame al hospital, Fermín. - Me ha mirado con cara de asombro, así que he deducido que no se llama Fermín ,pero ese es el nombre que tendrá mi chófer cuando sea tan rica como la abuela.

He dado un paso hacia uno de los pocos asientos libres que quedaban y me ha gritado: - ¡Quieta, parada! O pasa la tarjeta ciudadana por el aparatito, o se baja ahora mismo. - Por no discutir, la he pasado, (pero no para Pascualita jijijijijiji)  después me he sentado, muy tiesa y muy digna para que el proletario ese, vea lo que es una s-e-ñ-o-r-a.

Después de dos baches espectaculares, que el bus ha saltado sin amortiguadores, a punto he estado de romperme la espalda y he tenido que dejar para otro día la pose de señora-digna. Estos avatares minaban mi intención de ponerle al Lunes buena cara. Y solo me ha faltado el canto de un duro para pedir la hoja de reclamaciones al supuesto "Fermín" de las narices.

Menos mal que en la consulta del oculista he encontrado un poco de paz. Apenas había gente. Las enfermeras entraban y salían con largas listas en las manos y se desgañitan nombrando a pacientes invisibles, supervivientes de un fin de semana a los que se les han pegado las sábanas.

He sacado un libro del bolso y me he pasado un buen rato leyendo, evadiéndome a lejanos paisajes donde la gente hablaba en susurros: - Luego dicen que la Seguridad Social va mal... ¿Dónde están los pardales a los que llaman?... No tienen vergüenza... ¡A la cola tendrían que mandarlos!... Tiene usted razón, eso es lo que se hace en la carnicería de mi barrio. Si te despistas cuando llaman tu número, después no quieras pasar delante a las demás ¡Haber estado atenta!...

He vuelto al presente al escuchar mi nombre - ¡Servidora! (he gritado) y un poco atontada aún por el brusco traslado del ensueño a la realidad pura y dura, he preguntado a la enfermera. - ¿Cómo sabía que estaba aquí? - Porque hace seis meses que le dieron cita con el doctor, para hoy. - He quedado gratamente sorprendida con la respuesta.

Me han tenido entretenida haciéndome prueba tras prueba para, finalmente, ir a parar frente a la puerta del doctor a esperar el veredicto. He vuelto al libro... hasta que una mano posada en mi brazo me ha hecho perder el hilo de la lectura. Una mujer me miraba embelesada. - Perdone que la moleste pero es usted la única persona, en toda la sala, que tiene un libro en las manos ¡y lo lee! - Leía (dije algo molesta) pero no me oyó porque se escuchaba a sí misma: Me encanta leer..., he leído taaaaanto..., que si patatín..., que si patatán... - Cuando el oculista me ha llamado le he dado un abrazo diciéndole: - ¡Le debo un chinchón on the rocks, doctor! - Hasta Pascualita le ha mostrado su dentadura de tiburón en plan sonrisa. Menos mal que el hombre tenía la vista clavada en el ordenador y no la ha visto.

sábado, 2 de septiembre de 2017

¡Por listo!

Llevamos un buen rato en la UCI esperando que nos den noticias de cómo va evolucionando Geoooorge. De momento parece ser que está más allá que acá. Pobrecillo, con la ilusión que le hace ver cómo se implanta el Brexit... pero, no sé, a lo mejor no lo ve..jijijijijiji

La abuela dice que no me ría, que no estamos en un lugar dado a la alegría pero es que... quien rie el último, rie mejor.

Todo ha empezado esta mañana cuando he llamado a la abuela. - Puedes venir a desayunar de croquetas. Acabo de freírlas. - dijo que pasaría a recoger a la Cotilla por la iglesia donde suele "limpiar" los cepillos los sábados y vendrían enseguida. - "Nos traerá Geooorge en el rolls royce"

Poco tiempo después escuché el concierto de pitos de los coches a los que no dejaba pasar el cochazo, aparcado en la parada del bus. En la cocina había preparado la mesa para cuatro, café y cola cao. A Pascualita la coloqué en el frutero, tras los kiwis y los plátanos. Ella tenía todo el derecho de probar las croquetas por la ayuda que me prestó.

 - "¡A ver esas croquetas!" - ¡Que buena pinta tienen. Al final lograremos casarte, boba de Coria! - Yo estaba rebosante de orgullo. Por fin me reconocían algo bueno. - Nos sentamos todas menos Geooorge. - Mi no comer, madame. Doler barrigau. - "Venga, no seas nenaza, inglés, siéntate. Nena, házle un te,"

El te humeaba cuando se lo puse delante mientras gritaba a los cuatro vientos: - ¡Que conste que si no llega a ser por él y por Pasc... , en fin, que sin su ayuda no hubiese podido hacerlas! - La Cotilla le dio un codazo a la abuela - De modo que sigues en relación con Pascual... pensaba que habíais terminado.

- La abuela, croqueta en mano, le daba vueltas admirándola. - "Hay que ver que guapas han quedado. ¿Las has hecho con dos cucharas?" - No, abuela. Al estilo inglés, con el sobaquillo como dice Geooorge jajajajajaja. Fue un poco engorroso pero valió la pena" - ¿Con el sobaco? (dijo la Cotilla) Ya me parecía que esto que sale por aquí era un pelo... - Y eso que me depilé antes aunque siempre puede quedar alguno (dije humildemente) Pero lo importante es que estén buenas ¡Venga, comamos! Yo las quiero con cola cao.

Partí un trocito de la mía y disimuladamente, se lo dí a Pascualita... ¡y me lo escupió a la cara! En ese momento, la abuela, muy seria, ordenaba a Geooorge que se sentara y comiera - ¡O te corto la cabeza! - y su dedo indice hizo un recorrido siniestro por su cuello.

El mayordomo sudaba la gota gorda y no le quedó más remedio que probar su "deliciosa" receta. Se comió una..., un trago de te, dos... escupió pelo sobaquero, tres... le sobrevino una arcada, cuatro... lloraba amargamente, cinco... más te, seis... la Cotilla protestó ¡se las comerá todas! La abuela sentenció ¡esa es la idea!... Y así hasta que la bandeja se vació.

Así que ahora estamos en la UCI y aunque no sea el sitio apropiado, no puedo parar de reírme por lo bajini jijijijijijijijiji...

viernes, 1 de septiembre de 2017

¡Acabé las croquetas!

Era tempranito cuando ésta mañana han aparecido por casa la abuela y la Cotilla. - "Venimos a desayunar croquetas." - ¿Cuántas habéis traído? - "¿No están hechas?" - Es un proceso largo. De momento el pollo ya está bañado y churruscadito. - "¿Cuándo se podrán comer?" - Por el proceso tan enrevesado que llevan, creo que... a mediados de la semana que viene.

La sonrisa se les congeló, dieron media vuelta y salieron dando un portazo. Corrí al balcón. - ¡Abuelaaaa, se te ha olvidado darme la ensaimada para desayunar! - "Cuando yo coma croquetas, tu comerás ensaimada" y se alejó repiqueteando con sus tacones XXL en la acera mientras la Cotilla la seguía a saltitos de gorrión y quejándose por no haber desayunado todavía - A la hora que es...

Esperé que Pascualita se desperezara en el borde del acuario, para cogerla y sentarla en el frutero. - Vamos a seguir con la receta de las croquetas si queremos desayunar como Dios manda. A ver ¿qué más hay que hacer?

La sirena, fijos sus ojos de pez en mi, parecía no entenderme. - No te hagas la tonta ahora... ¿ves algo por aquí que nos sirva? - Se impulsó con la cola y salió despedida hasta el armarito donde guardaba el cola cao. - ¿Cola cao, azúcar, café?... ¿Estás segura? - Chasqueó los dientes y se relamió. - ¿Quiéres desayunar? - La mirada se hizo más intensa. - ¡¿Ahora quiéres desayunar?! ¡Tenemos un trabajo que hacer, cacho sardina! Este bicho me saca de quicio.

No debió gustarle nada mi aptitud porque, de un impulso regresó al acuario, llenó la boca de agua y me escupió a los ojos - ¡La madre que te parió! - Por muy poco no me deja ciega. Mi primera reacción fue meterla en una olla y hacer un caldo de pescado con ella, pero no me quedó más remedio que claudicar y preparar los cola caos.

Como todas las mañanas, la sirena saltó dentro de la taza hasta vaciarla, luego se entretuvo en lamer la mesa y las sillas hasta que no quedó una gota a la vista. Solo entonces se dignó a darme una pista para continuar la receta de las croquetas. Saltó al suelo y reptando, llegó hasta las cebollas que estaban en una caja. - ¿Cebollas? ¿Tengo que cortarlas? ¡No puedo. Lloraré! - No tuvo piedad de mi y no se movió hasta que, a regañadientes, cogí una cebolla y la corté.

¡Que panzada de llorar! Aún tengo los ojos hinchados. - Llamé a la abuela - Madame no estar. - ¿Por casualidad te sabes la receta de las croquetas? ¿Qué hago con la cebolla? - Meter en sartén. - Con qué... - Oil - ¿Aceite? - Yes. - ¿Y luego? - Poner whisky. - ¡No tengo! ¿Vale el chinchón? - OK. - ¿Mucho? - Yes. - ¿Qué más? - Azúcar glass - ¿Mucho? - Six cucharas - ¿No saldrán dulces? - ¡Noooooo! buenas. - ¿Y el pollo? - Yes. - ¿Lo corto - Yes - Cuanto trabajo... ¿seguro que saldrán buenas? Oye y para darles forma ¿cómo lo hago? - Con sobaquillou. - ¿El sobaco? - Yes. Es perfectou. - ¡Gracias, tío, me has salvado! - Mi no tío, mi mayordomou.

Cuando llegó la noche acabé de hacer la última croqueta. Luego me duché. Me molestaba mucho la pasta acumulada en el sobaco... pero estaba orgullosa de mi trabajo.

jueves, 31 de agosto de 2017

Croquetas.

¡Voy a hacer croquetas! ¡Yo solita! Algún día tenía que empezar porque la abuela me pone pegas cuando le digo que me haga - "¡Aprende de una vez! ¿No sabes que a los hombres se les conquista por el estómago, boba de Coria?" - Dáme la receta, por lo menos. - "Se la pides a Pascualita. Ella sabe hacerlas porque se lo he explicado varias veces y además me ha visto hacerlas, no como tu que prefieres ver a la Esteban"

La cosa quedó así porque la abuela dio la conversación por zanjada... ¿Cómo voy a preguntarle a un bicho con piel de ahogado, que tiene cola de pez, una mala uva peligrosa y unos pelo-algas en lo alto de la cabeza donde, se supone que debajo hay un cerebro (lo que es mucho suponer) ¡No puedo rebajarme ante tal especímen y decirle: Pascualita, ¿me enseñas a hacer croquetas? Voy a quedar a la altura de una alpargata porque yo pertenezco a la raza dominante mientras ella es una simple sardina mal hecha. La abuela no tiene conciencia de lo que me pide... ¿o sí?

No pienso rebajarme; me extrujaré la meninges y acabaré recordando... porque creo que, a veces las vi contándole a la sirena el procedimiento paso a paso. No puede ser tan difícil... Bueno, vamos a ver... me parece que pasaba algo con un pollo...

Al final tuve que recurrir a Pascualita ¡que rabia! - Dime por dónde empiezo, porfa. - La sirena subió a la superficie del acuario en cuanto le enseñé el pollo ¡Y se tiró a por él! Mordía y yo tiraba de ella para separarla, pero volvía a la carga y se llevaba otro pedacito de carne - ¡Para, que a éste paso no va a quedar nada y tengo que hacer c.r.o.q.u.e.t.a.s.!

La mirada de sus ojos saltones se clavó en mi ¿Me había entendido la fiera corrupia? . Se lo repetí por si acaso. - C-r-o-q-u-e-t-a... croquetaaaa... croooo-queeeee-taaaaaa... ¿Qué hago con el pollo? - Pascualita saltó de nuevo sobre el pollo y se llevó un buen pedacito al estómago.... ¿Me lo como? ¿ñam... ñam...? Si me lo como ahora, no tendré carne para hacer las croquetas... Creo que no dice esto. - Pascualita saltó una y otra vez en el agua. - ¡Para ya!... ¿qué la meta en agua? ¿Le doy un baño?... ¡Ah, si! Meto el pollo en remojo para que se ablande.

Pascualita saltó al aparador y desde allí encendió y apagó la luz varias veces. - ¿Y ahora qué?¿enciendo... algo?... hummmm... ¿el fuego? Será eso. Cuando lo encendí, la sirena pareció relajarse. - Que mal se explica este bicho.

Había llenado la olla de agua hasta arriba, después me senté en la salita a ver la etapa de la Vuelta ciclista a España y me quedé dormida frente al televisor. Hace un ratito sonó el timbre de la puerta. Al abrirla, muerta de sueño, apareció ante mi un bombero de calendario. - ¡Dios existe! (exclamé babeando) - ¿Dónde está el fuego, señora? - Y me puse a cantar: - Tan dentro de miiiiiiiiiii, conservo el calooooooooor que me hace sentiiiiiiiiiir... - Pascualita, avergonzada (ahora lo sé) se escondió en el barco hundido, en el fondo del acuario.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Mala uva.



Nunca tendría que haber llamado a la abuela para contarle lo de la habitación nueva. Me puso de borracha para arriba. - "¡Si no sabes beber, no malgastes el chinchón, jodía!" - ¿Pero hay una habitación secreta o no? - "¿Te estás entrenando para ser más tonta? Te advierto que compites contra ti misma, campeona mundial."· - No te vayas por las ramas. Me basta un sí o un no. - "Noooooooooooooo." - Entonces ¿quién sacó las zapatillas fuera del cuarto? - "Serán de la vecina. Decidirían colgar un cuadro y al clavar la alcayata se les fue la mano, rompieron la pared, un poquito más, un poquito más y han acabado entrando en tu casa" - ¡Eso es absurdo, abuela! - "Y lo que tu cuentas ¿no lo es?"

Dejamos la discusión porque me entró sueño pero, al meterme en la cama, me desvelé. No podía quitarme el cuarto misterioso de la cabeza. Me levanté a por un vaso de agua. Había buena luna y no me hizo falta encender la luz de la cocina... sin embargo el resplandor verdoso no me cuadraba con el blanco lunar. Miré a Pepe. La cabeza jivarizada emitía una luz verde desde los cuencas, vacías y cerradas de sus ojos. -

De repente no me sentí cómoda en la cocina y reculé hasta el comedor, sin perder de vista a Pepe. En aquel momento el dedo helado de la muerte recorrió mi espalda y di tal respingo que me colgué de la
lámpara. Y grité. Grité. GRITEEEEEEEEEEE...

La cortina del balcón se movió mecida por un viento... que no soplaba. Y una figura espectral salió de ella. - El alarido que di se oyó hasta dos barrios más allá del mío.  Los perros del vecindario, asustados, ladraban enloquecidos mientras yo corría dando vueltas al rededor de la mesa del comedor sin saber de qué o de quién, huía.

Quería escapar de aquella casa embrujada o de mi pesadilla, porque esto no podía ser otra cosa que una terrible pesadilla. Vi la puerta abierta y entré. Solo, al quedar a oscuras, me di cuenta de que estaba en el cuarto "nuevo". Quise seguir gritando pero me había quedado afónica.

Algo reptaba por mi espalda. Metí la mano bajo mi camisón y toqué algo vivo y helado... ¡Pascualita! Por fin algo real a lo que aferrarme para no perder la cordura. La sirena estaba muy enfadada y tuve que cogerla por la cola para evitar sus dientes y los escupitajos envenenados... Pasó el tiempo...

Me desperté, acurrucada contra el aparador  del comedor. Pascualita se había dormido... Oí risas sofocadas. Miré en torno mio. La puerta de la nueva habitación estaba abierta y me estremecí. - ¡Ya no se puede ser más tontaaaaaaaaaa! jijijijijijiji (¿Cotilla?) - "¡Anda que no!" jijijijijijiji" - (¿Abuela?)

De repente, la habitación nueva se convirtió en un armario pequeño - ¿Al final, te lo quedas o no? - "No, Cotilla, pero ha sido muy divertido tenerlo éstos días." - Entonces lo comprendí todo. Las dos amigas me habían gastado una broma pesada y se lo estaban pasando en grande ¡Que jodías!

martes, 29 de agosto de 2017

¿Tengo otra habitación?

He intentado coger los palillos chinos del interior del acuario pero la sirena no me ha dejado. He desistido porque no quiero quedarme sin dedos y esperaré a que duerma la siesta... ¡Se los ha comido la muy jodía! ¿cómo monto yo mi negocio de hacer agujeros al pitorro de los botijos? Quedaré en la indigencia como la Cotilla porque, aunque trabajo, me cuesta mucho llegar a fin de mes. Soy una asalariada pobre ¡teniendo una abuela rica!

Estas cosas me sacan de quicio. ¿Por qué no puedo encontrar un novio riquísimo como le pasó a la abuela? He pensado muy seriamente en echarle el guante al Médico, el hijo de Andresito. Pero ya no va  ser posible porque se marchó como cooperante a Africa, donde se ha tirado un año entero y ha vuelto ¡con novio! Un watusi que la gente se gira para verlo cuando va por la calle. ¡Madre mía! Pediré una hipoteca al banco para pagarme un viaje a su poblado africano, a ver si me traigo a su hermano...

Estaba tan furiosa por lo que me había pasado que iba de acá para allá dando patadas a las puertas, cerrandolas de un portazo, o abriéndolas de golpe, la cuestión era hacer ruído y desfogarme... De repente me he dado cuenta de que he abierto una puerta de más... ¿Ya estaba aquí cuando compré el piso hace veinte años?

Era la puerta de una habitación en la que todos los muebles me eran ajenos. - Huy, huy, huy... Tengo un estrés como un camello. Veo visiones. Y no solo las veo sino que las toco. Siempre pensé que mi casa tenía dos habitaciones y ya no indagué más. Y ahora resulta que tenía tres. ¡Menudo despiste el mío! La culpa es de la abuela que, con su afán por tener un biznieto, me tiene obsesionada y nunca se me ha ocurrido buscar la tercera habitación...

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! - La Cotilla me venía de perlas. - Llega usted a tiempo. Tráigame, por favor, las zapatillas que están en ese cuarto. - La vecina siguió la dirección de mi mano. - ¿No me has esperado? No es bueno beber sola tan temprano.

Después de una hora de discusión, de mirar planos, escritura, tocar con las manos la pared lisa donde yo antes vi una puerta, e incluso, abrí, empecé a sospechar que la mente me había gastado una broma pesada.  Viéndome temblar, la Cotilla se apiadó de mi - Toma un chinchón, a ver si espabilas, boba de Coria. - Le hice caso y me bebí unos cuantos. Un chirrido llamó mi atención. La puerta del cuarto se abrió y una mano enguantada colocó las zapatillas fuera. Luego, la puerta se cerró.

lunes, 28 de agosto de 2017

¡Tengo una idea!

No quiero ser menos que la bisabuelastra y la Cotilla, dos mujeres que se ganan la vida con sus trabajos particulares. Así que me he puesto a pensar qué tengo que hacer para rellenar mi sueldo canijo... Lo primero que descubrí es que es muy cansado pensar.

Acudían a mi cabeza ideas sin pies ni cabeza. No servían para nada ¿Quién iba a querer pagar algo por ellas? Nadie ¡Ni yo misma! Lo consulté con Pascualita pero pasó de mi olímpicamente. Creo que le queda algo de rencor hacia mi, escondido en los recovecos de su pequeño cerebro por haber dejado que se estrellara contra el espejo del aparador.

De nuevo Pepe fue parco en palabras. - Hazme una seña por lo menos... ¿con la boca? Si, ya sé. Está cosida... ¿Un levantamiento de ceja? Puede servir. A ver... ¿Tampoco? Bueno, otra vez será. -

A causa del calor tenía una sed terrible. De repente vinieron a mi memoria escenas de mi niñez, cuando en casa no había nevera y el agua se guardaba en un botijo, a la sombra, para que estuviese fresquita. A mi nunca me gusto porque notaba sabor a barro pero los demás, abuela incluída, la bebían y decían ¡que rica!...

Caí en la cuenta de que estas "visiones" eran señales que me estaban diciendo algo: ¿comprar o vender barro?... ¿para qué? ¿Hacer botijos? Podría hacerlos pero... no estoy preparada para dar forma al pitorro. ¡Ya sé lo que haré. Venderé palitos para hacer el agujero del pitorro!

Me he pasado la semana comiendo, merendando y cenando, comida china del restaurante del señor Li. Este hombre no para de expandir sus negocios. Pero yo soy tan lista como él y en lugar de ir a un carpintero a que me haga los palitos, compro comida a los chinos que viene sus correspondientes palillos. ¡Así los palitos me salen gratis! ¡todo es ganancia para mi!

Llamó la abuela. - "¿Por qué compras tanta comida china? ¿Estás a dieta?" - ¿Quién te lo ha dicho? - "El señor Li." - No quería contarte nada para darte una sorpresa... Vale, te lo diré pero guárdame el secreto. - Y se lo conté. Minutos después, el rolls royce estaba aparcado en la parada del bus. - "¿Estás tonta? Vas a engordar, te hincharás de comida china y te está costando dinero ¡Menudo negocio has montado, boba de Coria!" - A todo esto siguió una bronca de padre y muy señor mio que me tuvo firmes un buen rato, después tiró la larga colección de palillos chinos al acuario. - ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!! Adios negocio. Que mala es la envidia.

domingo, 27 de agosto de 2017

El ojo de Hacienda.

La Cotilla ha encontrado un chollo con el trabajo de modelo que le proporcionó la Momia. Por el momento ha dejado de preocuparse por cómo llegar a fin de mes sin pasar penurias. Mi bisabuelastra, que es una persona muy recta a la que le gusta cumplir con sus obligaciones de ciudadana ejemplar. una de las primeras cosas que hizo fue mandar a Geooorge a las oficinas de la Seguridad Social a dar de alta a la vecina. Naturalmente, al ver que es pensionista y que tiene más años que la tos, lo único que hicieron fue mandar al mayordomo de vuelta a su casa.

Pero alguien, muy celoso de su cargo, se quedó con la copla e investigó el caso. La Cotilla fue vigilada día y noche por Hacienda. No daba un paso sin que lo supieran en el departamento de Montoro, al que le brilla el colmillo cuando tiene carnaza a la vista... bueno, depende de quién sea la carnaza. Así se enteraron que la Cotilla ¡trabajaba! Y peor aún, también lo hacía la Momia. ¡Y cobrando sus respectivas pensiones!

Ellas seguían ajenas al espionaje al que fueron expuestas. Y para remate, la bisabuelastra vendió el cuadro del desnudo a un marqués que toda su vida estuvo enamorado de ella. Tal vez por eso pagó una cifra desorbitada y se quedó tan ancho. El pobre estuvo muy celoso de los cubanitos-culito-respingones y lo pasó muy mal. Incluso le salieron más arrugas en el rostro y eso que era difícil porque ya no había mucho sitio dónde ponerlas.

Una mañana, Hacienda llamó a mi casa representada en la figura de Bedulio. - ¿Se puede saber qué habéis hecho ahora? - Regar las plantas del balcón pero he ido con cuidado y no creo que haya caído ni una gota a la calle. - Tienes razón, una gota no pero sí una réplica de las cataratas del Niágara. Incluso el pobre que duerme en la entrada de la sucursal de la Caixa, ha aprovechado para ducharse. - Eso me alegró el día porque, inconscientemente, había hecho una buena obra. Así que le pregunté a Bedulio si quería unas copitas de chinchón pero... ya no estaba.

Cuando, por la tarde, la abuelastra se fue a misa, le enseñé a Pascualita el cuadro que le hizo. Le costó fijar la vista en el lienzo a la sirena. Además, lo tenía bastante retirado de ella por si acaso. De repente los pelo-algas se le erizaron hasta quedar tiesos. Los ojos bizquearon y la dentadura salió a pasear. De un salto prodigioso se lanzó a por el lienzo y tuve que hacerle un pase de torero para evitar que lo destrozara... lo que no pude evitar es que se estrellara contra el espejo del aparador quedando en estado comatoso. Le eché unas gotas de chinchón en la boca y se recuperó. Lo malo fue que se vio en el espejo y me fue imposible pararla. La fiera corrupia de un lado del espejo, quería comerse a la del otro lado.

Dejé que se cansara porque yo no me atrevía a meter la mano allí en medio ni con el guante de malla de acero puesto.


sábado, 26 de agosto de 2017

Anodina.

Saqué a Pascualita del bote de pintura antes de que se ahogara y corrí a limpiarla. Tuve la precaución de ponerme el guante de malla de acero porque, una vez pasada la conmoción, sacaría su dentadura de tiburón a pasear.

Después dejé a la sirena en el acuario al que, previamente, había echado un buen chorreón de chinchón para aplacar su rabia.

La Momia me llamó. - No encuentro al marciano, nena. Juraría que lo había dejado nadando en el bote de pintura... - Ha salido por el balcón con su pequeño platillo volante. - ¡Pues haberlo parado aunque fuera a escobazos, alma de cántaro! Me he quedado sin modelo que pintar. - Si te sirvo yo... - Tú no. Eres muy normal. Contigo el cuadro saldría anodino. - No supe qué contestar, así que le hice una petición. - ¿Me regalas el cuadro que has pintado? - ¿Te gusta de verdad? - Pues, si. - A mi también. Nunca nadie ha pintado a un marciano real... ¡Te lo vendo! - ¡Pero si eres rica! - Y quiero seguir siendolo, nena.

En esas estábamos cuando ha llegado la Cotilla. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! - Por ese modo tan bonito de saludar te ofrezco un trabajo (le dijo la Momia) - ¿Que tengo que hacer, jefa? - Ser mi modelo. (Naturalmente, protesté) - ¿Por qué ella sí y yo no, bisabuelastra? - Creo que te lo he dicho... ¿o no?... Eres anodina...

La Cotilla se fijó en el cuadro de Pascualita - ¡A éste bicho lo he visto en sueños! - Es un pequeño marciano de verdad. - ¿Le ha mordido? (la Cotilla tenía la mosca detrás de la oreja) - ¿Por qué?... Venga, vamos a trabajar. Desnúdate y ponte en pose de Diana Cazadora.

Cerré los ojos porque hay escenas que es mejor no verlas, pero dicen que la curiosidad mató al gato y a mi me obligó a mirar, con los ojos entrecerrados, eso sí. - Cotilla, cúbrase, por favor. - Soy una profesional y estoy a la órdenes de la artista. Ha dicho desnuda y ya me ves. - Y así se quedó, como su madre la trajo al mundo, aunque más arrugada, artrítica y con los pellejos colgando..

Mientras yo salía sin hacer ruido, escuché a la Cotilla preguntar: - ¿Me expondrán en Nueva York? - ¡Naturalmente! - ¡Que envidia tengo!

viernes, 25 de agosto de 2017

La modelo.

La Momia debe pensar que me ha tocado la Primitiva y me encarga cosas que no puedo pagar pero no afloja la mosca. Ahora quiere pintar. Ha encargado a Geooorge, al que por cierto tiene todo el día de la Ceca a la Meca con el rolls royce, que le traiga un caballete, pinturas, lienzos, etc. etc.

Cuando la escuché hablar de ésto por teléfono con el mayordomo, respiré aliviada, por lo menos no tendré que pagarlo yo. Que equivocada estaba porque me reservaba algo peor. - Nena, llama al maestro Picasso para que venga a darme unas lecciones. - ¿Qué Picasso? - El único que hay. - ¿El que pintaba gente muy rara? - Jajajajajaja¡que graciosa eres! pues claro, Pablito el malagueño.

¿Cómo le digo ahora a la bisabuelastra, que Picasso hace la tira de años que murió, sin darle un disgusto? - Tiene mucho trabajo. - Lo sé, nena. Siempre lo ha tenido pero, por mi, lo deja todo. - ¿Ah, sí? - Desde que fui modelo suyo... - ¡Ostras! ¿Y que dijo tu marido? - Aún estaba soltera y quise probar qué se sentía al cobrar dinero por trabajar. Nunca lo había experimentado porque en casa éramos muy ricos... - ¿Qué dijeron tus padres? - ¡Nada! No se enteraron porque esa clase de pintura no les gustaba en absoluto. - ¿Posaste desnuda? - ¡Naturalmente!

- ¿Lo sabe Andresito? - No, porque mi hijo es un poco carca y eso que uno de esos cuadros está colgado en el comedor, justo en frente de donde él se sienta a comer. - ¿"Aquello" eres tú? - ¡Siiiiiiii! Estoy mona ¿verdad? - Pues...

La Momia siguió insistiendo en que llamara a Picasso y no me quedó más remedio que decirle la verdad. - ¡Vaya, cuánto lo siento!... entonces llama a Miró. - ¿El del dibujo de La Caixa? ... también se murió. - ¿Y...? - También. - ¿Y...? - también...

Finalmente, claudicó. - Pues ya me apañaré yo. - Colocó el lienzo en el caballete y pensó un momento qué pintar. Después mojó el pincel en el óleo y comenzó a trazar líneas.

La dejé en pleno trance artístico y fui en busca de Pascualita para comentar lo que había pasado. Tardé un rato en darme cuenta de que la sirena no estaba en el acuario. Miré bajo los muebles del comedor por si se había tirado. Busqué la huella de agua que deja al reptar sobre las baldosas y no la encontré. En la cocina tampoco estaba. Pepe no la había visto en toda la mañana... o eso creí entender pero es tan parco en muecas que seguramente me equivoqué.

La cuestión es que no encontré a Pascualita, ni siquiera en el árbol de la calle. Empezaba a desesperarme y a temerme lo peor ¿Y si ha entrado una gaviota y se la ha tragado?... Estaba desolada. Me acerqué a la Momia. - ¿Qué te parece, nena? - ¿El qué? - El cuadro... a pesar de que no está terminado. - Miré con desgana y los ojos se me abrieron de par en par ¡Estaba pintando a Pascualita! - ¿De dónde... de dónde has sacado el ... modelo, bisabuelastra? - Es un marciano que estaba junto a ese acuario de algas del comedor. - ¿Y dónde está ahora? - Se ha caído en el bote de la pintura blanca... ¡Mira, parece un fantasmita! jajajajajajaja

jueves, 24 de agosto de 2017

A buen entendedor...

La abuela me ha llamado para decirme que estoy desheredada por no acogerla en casa. - ¡No es justo! te fuiste por decisión propia. - "¡Me manipulaste!" - Yo no sé hacer éstas cosas. - "¡No se hable más. Te quedas sin la torre del Paseo Marítimo."

- Menudo disgusto tengo. Para una cosa que me hacía ilusión, me la quitan ante de catarla... Creo que ya puedo morirme. No tengo alicientes en ésta vida... ¡¡¡QUIERO LA TORREEEEEEEEEEEEEE!!! - Pascualita asomó la jeta por el borde del acuario y me lanzó un chorrito de agua envenenada a la cara. Afortunadamente, en ese momento tenía las manos delante de la cara y no ocurrió ninguna desgracia. Este detalle canalla de la sirena, demuestra de que bando está la jodía. - Pues sabes lo que te digo (le grité) ¡que te de de comer tu tía la del pueblo!

Me pasé la mañana llorando. No podía, ni quería hacer otra cosa. Y podría haber seguido así hasta el año que viene pero llamó mi bisabuelastra y la esperanza renació en mi. - Hola, guapa... ¿ya sabes lo que pasa? - Algo me ha contado la abuela - ¿Crees que hago mal en buscar un marido joven y apuesto? - ¡Claro que no! en cambio sí que lo hay en despojarme de la Torre del Paseo Marítimo, así porque sí. - ¿Que me estás contando, nena?

Le expliqué la conversación que habíamos tenido la abuela y yo y se mostró muy compensiva la bisabuelastra. - ¿Ya tienes candidato a marido tuyo? - Estoy barajando posibilidades. - Si te sobra alguno, pásamelo, por favor, que estoy en plena sequía amatoria. - ¡Hecho! Y ahora hazme tú un favor. Déja que me quede en tu casa.

No me hice de rogar y perdí mi independencia a cambio de recuperar la Torre.

Una hora después, Geoooorge aparcó el rolls royce en la parada del bus y se dedicó a sacar maleta tras maleta, bolsa tras bolsa y colocarlas en la entrada de la finca para subirlas luego a mi casa. Yo estaba boquiabierta. Suponía que la bisabuelastra venía para quedarse unos días, los menos posible esperaba, pero, visto lo visto, llegaba para quedarse. Las piernas me temblaron.

Una vez instalada en el antiguo cuarto de la abuela, se dedicó a telefonear a los candidatos a marido. A todos les daba mi dirección y una hora para verse. - ¿No son muchos? - Cuantos más, mejor, nena. Además, me gusta estar activa. Mi hijo no dejaba que vinieran a la Torre mis pretendientes. Aquí me siento libre... Solo me falta el mayordomo pero para eso estás tu aquí. Para ayudar a tu pobre bisabuelastra... ¿verdad? - Pues... si. - Prepara el té. Con una nube de leche, unas pastitas ¡y no se te ocurra ir a comprarlas a Mercadona! - Me alargó la propaganda de una confitería, carísima, que estaba por su barrio. - Luego te diré a la temperatura a la que tiene que estar el agua del te... ¡Venga! ¿qué esperas para irte? - El dinero de las pastitas... - Nunca llevo dinero pero... ¿tú no quieres quedarte con la Torre del Paseo Marítimo? - Salí echando chispas porque, a buen entendedor pocas palabras bastan.



miércoles, 23 de agosto de 2017

Estrategia.

La abuela entró en casa como un elefante en una cacharrería. - "Vengo a instalarme aquí porque en la Torre del Paseo Marítimo no hay quién viva." - ¿Y por qué tengo que pagar yo el pato? - "Porque eres mi única nieta" - Eso tampoco es culpa mía. - "¿Por que puedo dejarte, o no, la Torre en mi testamento? - Haber empezado por ahí, abuela. Hablando se entiende la gente... ¿Te quedarás hasta mañana, no? - "Hasta que pase la tormenta que ha montado mi suegra"

- "Andresito se sube por las paredes y las broncas son continuas. Como la comprendo, he hecho causa común con ella y ahora parece que soy yo la causa de todos los males" - ¿Qué males son esos? - "Quiere imitar al Presidente de Francia y señora?" - ¿Quiere estudiar francés? - "Eso es lo de menos... Ahora se ha enterado de que él es la mitad de joven que ella y está loca por encontrar un marido así."  - ¡¿Se quiere casar?!

Puse el grito en el cielo .- ¡No puede! Imagínate que tienen un hijo. Sería el heredero universal ¡y yo me quedaría sin la Torre del Paseo Marítimo! Hay que quitarle esta idea de la cabeza. - "Pero..." - ¡No hay peros que valgan! Estoy dispuesta a defender lo mío a capa y espada.

La abuela me dejó con la palabra en la boca yéndose al comedor. Al cabo de un rato me acerqué allí y la vi hablando con Pascualita. - "Tu y yo nos vamos a ir a El Funeral a pasarlo bien o acabaré majareta. ¿Por qué no puede hacer su santa voluntad? Cuando yo sea vieja (para eso faltan aún muchos años jejejejejejeje) quiero que, si me tratan como a la Momia coartando mi libertad, les muerdas donde más duela, tanto a Andresito como a mi nieta."

- ¡Eso, dale malos ejemplos al pobre bicho! En cuando a la Momia ya no está para aguantar maridos mucho más jóvenes que ella, sino para comer sopitas y acostarse pronto. - La abuela se levantó de un salto, metió a Pascualita en el termo de los chinos y salió dando un portazo mientras gritaba. - "¡Me voy a la Torre del Paseo Marítimo porque prefiero aguantar a mi marido y a mi suegra antes que a ti, boba de Coria!" - Un buen portazo ratificó la amenaza. Se fue.

Me he quedado en la gloria. A mi qué más me da que la bisabuelastra quiera un novio joven para casarse, ser felices y comer perdices. Lo que quiero es vivir tranquila, por eso la mejor estrategia es un ataque. La abuela ha durado menos en casa que un bizcocho a la puerta de un colegio. Y encima, no puede acusarme de haberla echado... a este paso volveré a perder el número UNO ¡mecachis!


martes, 22 de agosto de 2017

Trapicheos.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaa! Nena ¿tu planchas mucho? - Procuro hacerlo lo menos posible, Cotilla, así que si quiere que le planche algo lo tiene crudo. - Siempre tan egoísta. ¿cómo vas a encontrar novio siendo de ésta manera? - ¿A qué venía la pregunta? - A que necesito una tabla de planchar? - ¿Cuánto me da por ella? - ¿Ves cómo eres egoísta? Yo hablo de hacer una buena obra... - De eso no ha dicho ni pío. - Pues lo digo ahora. Hay una pobre viejecita, con una pensión tan enclenque que no tiene ni para comprar una tabla de planchar de las normalitas. Si la tuviera podría ganarse unos euros planchando para casas particulares y llegaría, desahogada a fin de mes.

- A mi no me mire que tampoco estoy para tirar cohetes. - Pero has dicho que la que tienes no la empleas. - Casi... he dicho, casi. - Casi y Nada, en tu caso, quieren decir lo mismo. Bueno, entonces quedamos que me la llevo y haremos feliz a la viejecita.

Dio media vuelta, cogió la tabla y salió deprisa, como temiendo que se la quitara. Y esa fue mi primera intención pero después se me apareció la viejecita, delgadísima, encorvada, sin un diente con el que masticar los miserables garbanzos de bote de marca blanca, que solía comer a diario porque la pensión le daba para pocas alegrías... ¡Uf! que llorera me entró, sobretodo al pensar que un día yo pudiera verme así.

Me asomé al balcón pensando que, en el fondo, la Cotilla tenía buen corazón a pesar de pasarse el día  demostrando que era una arpía.

- Mira, Pascualita (le comenté a la sirena a la que sujetaba en una mano y me miraba con ojos distraídos) allí está la Cotilla... ¿la ves?... Está hablando con aquel señor del jersey rosa, un poco ajado ...

De repente, la Cotilla dio media vuelta y entró en mi portal y volvió a salir con la tabla de planchar  y una escoba de esparto. Se lo entregó al hombre y él le pagó. Esperé un ratito y llegaron varias personas más. La Cotilla volvió a mi entrada y siempre volvió con una tabla de planchar y una escoba de esparto, por todo lo cual cobraba un dinerito.

De pronto pensé que había gato encerrado en esos trapicheos , porque de eso se trataba. Corrí escaleras abajo y me di de bruces con la Cotilla. - ¿Dónde está mi tabla de planchar? - Te dije que era para la viejecita... - ¡Ya sé lo que me dijo! Pero todo esto me huele a cuerno quemado. ¿Qué negocio se trae entre manos? - Vendo tablas de planchar y escobas a precio de saldo, para hacer el paddel surf. - ¡La madre que la parió, Cotilla! ... ¿Y la viejecita que no llega a fin de mes es usted, verdad? - ¡Dios mío, que alegría se llevará tu abuela cuando sepa que eres menos tonta que ayer! (gritó, levantando los brazos al cielo)

Estaba tan enfadada que le tiré a la cabeza lo que tenía en la mano... ¡a Pascualita! Y en un momento el cráneo de la Cotilla quedó mondo y lirondo...  Que bien sienta la venganza.

lunes, 21 de agosto de 2017

Exigencia al Alcalde.

Con lo contenta que estaba yo por haber logrado reconquistar el título arrebatado, ahora vuelvo a ser un saco de dudas ¿Me reportará algún beneficio ser la más Tonta de la Comunidad Económica Europea? ¿Pagaré menos impuestos que los demás? ¿Recibiré más ayudas que nadie? ¿Viajaré gratis por el Continente? ¿Me coronarán como a Carlomagno?... A todas esta preguntas y muchas más, no han sabido contestarme ni la abuela ni la Cotilla, ahora reírse, se han reído un rato largo y no sé porqué.

 A pesar de las dudas he decidido celebrar mi éxito yendo a desayunar a Can Joan de S`aigo. Chocolate con ensaimadas que me ha sabido a gloria. Ya sé que estaba preocupada pero el hambre no se me ha ido por eso sino por haber comido jajajajajajajaja

He escrito una carta al Alcalde hablándole del respeto que se merecen nuestras ratas. Son animalitos de Dios y aunque en la Edad Media tuvieron el fallo de mandar a sus pulgas a propagar la Peste Negra por doquier, no tiene porque volver a pasar. - Y que no me entere yo que se comete un raticidio en contra de lo que opina la ciudadanía o le retiraré mi voto. Me permito hablar en nombre de los ciudadanos porque soy alguien importante en el Comunidad Económica Europea, vamos, que tengo un status que ya quisiera usted para sí mismo. -

La he firmado y como no tenía nada mejor que hacer, la he llevado en mano al Ayuntamiento. He pedido que se la entreguen al Alcalde y mientras me he sentado a esperar respuesta en el famoso banco "Si no fos..." donde se han sentado miles de culos mallorquines y foráneos, desde que se colocó allí hace muchísimo tiempo.

Después de dar varias cabezas, pues el esperar me da sueño, se ha presentado ante mi, Bedulio. - Traigo un mensaje del Alcalde: te ha propuesto para que des el pregón el día de Nochebuena. Le encanta la gracia que tienes (no sé dónde te la ha visto) murmuró el Municipal. - ¡Ah, sí! ¿y eso por qué? - Será por lo que se ha reído... ¿qué le contabas en la carta? - Que respete a las ratas palmesanas. - ¿Las que corren? - ¡Claro! - ¡Eres tonta de remate! - ¿Ya sabías que he recuperado mi sitio? Como  corren las noticias. - Creo que deberías ir a Alcohólicos Anónimos. (le oí murmurar mientras dio media vuelta y se fue corriendo)

domingo, 20 de agosto de 2017

Recuperé mi trono.

No he dormido en toda la noche pensando en la pérdida de mi supremacía. No es agradable que te bajen del pedestal donde has estado subida tanto tiempo. Finalmente he tomado una decisión, después me he dormido plácidamente hasta el mediodía.

Lo primero que he hecho ha sido convocar a la abuela y la Cotilla. - Madame no estar here (contestó el estirado de Geoooorge) - ¿Ha ido a la playa? - ¿You tener playa en balcón? - El brexit te está volviendo tonto, inglés. - Madame ir a tu casa. ¡Y yo no tonto!

Finalmente me dijo que la abuela había salido temprano hacia mi casa y llevaba ensaimadas para desayunar. - Corrí a la cocina. Sobre la mesa estaban los restos del desayuno y alguna miga, minúscula, de ensaimada. - ¿Y la mía? (pregunté al aire)

De la calle llegaron la abuela y la Cotilla. - "¡La bella durmiente se ha despertado!" - ¿Dónde está mi ensaimada? - Me la he comido yo. Total, tú dormías. - ¿Y la suya? - Me la he comido también. - tuve que tomarme unas copitas de chinchón para no estrangular a la vecina. Después hablé de mi decisión.

- Voy a hablar con el Alcalde para que respete la vida de las ratas de Palma. - Quedaron atónitas ante mi genial idea. De repente aplaudieron a rabiar. La abuela se levantó y me estampó dos besos en la cara, hecho que tengo que marcar en el calendario porque hace milenios que no ocurría esto. Luego fue la Cotilla quién hizo lo mismo y tuve que lavarme la cara para quitarme tanta baba de encima.

Me llegó al alma ver como las lágrimas corrían por aquellas mejillas ajadas por el paso del tiempo, aunque me guardé mucho de decirlo. De repente la abuela se puso azul, como si no pudiera respirar, en cambio la Cotilla adoptó un tono rojizo. Un segundo después reían como posesas. - "¡Lo sabía! jajajajajajaja ¡Sabía que lo lograrías! ¡Vuelves a ser la campeona!" jajajajajajajaja

Yo las miraba sin entender tanto regocijo hasta que la Cotilla exclamó - ¡¡¡Vuelves a ser la más tonta de la Comuidad Económica Europea!!!

sábado, 19 de agosto de 2017

Campeonato de tontos.

El rolls royce ha aparcado en su sitio favorito: la parada del bus. De él han salido la abuela y Geoorge, éste último cargado con una bandeja de pasteles que ha dejado sobre la mesa del comedor. - ¿Son para mi? (pregunté asombrada) - "Sí, guapita" - Miré a la abuela. - ¿A santo de qué?... ¿Es  mi santo? - "¡Que va!... es en desagravio por un título que has perdido después de muchos años" - ¿Ah, sí? - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! Veo que ya os habéis enterado. - "¡Calla que no sabe nada!" - En éstos casos qué se hace ¿se da el pésame? - "No sería desacertado".

Diría que se referían a mi pero las dos amigas hablaban entre ellas como si yo no existiera. Y Geooorge estaba entregado a su trabajo de mayordomo eficiente, poniendo un mantel en la mesa y sacando las copas de la cristalería buena que fui juntando con vales de Mercadona. Colocó la botella de chinchón en un sitio preferente, platitos, tenedores y cucharillas; del rollo de papel de la cocina cortó cuatro servilletas... (así que él también se sentaría en la mesa con nosotras...) Finalmente quitó el papel que envolvía la bandeja de pasteles y el chocolate brilló con luz propia.

- ¿Me vais a decir, de una vez, de qué va todo esto - "Después. Primero comamos y bebamos porque las penas con pan son menos" - No me hice de rogar. - De vez en cuando, la abuela acercaba un trocito de pastel o un dedo mojado en chinchón, al broche prendido en su blusa ibicenca y Pascualita daba buena cuenta de todo.

Cuando no quedaron ni las migas, la abuela habló:

- "Siento darte éste disgusto y también lo siento por mi porque ya no puedo presumir d... " - ¡Ni yo tampoco! (gritó la Cotilla y me pareció que una lágrima pugnaba por salir del lagrimal) - La abuela  continuó: - "de tener la nieta más tonta de la Comunidad Económica Europea ¡Los parisinos te han desbancado del hipotético podium! Lo siento, nena."

Yo no podía articular palabra... ¿me estaban insultando? ¿se reían de mi?... Su pena parecía sincera - Hay un movimiento de personas que no quieren que el Ayuntamiento de París se cargue a las ratas de la ciudad y ya han conseguido un montón de firmas para ello." - En parte, lo comprendo, después de ver Ratauille. Es la única ciudad en el mundo que tiene ratas cocineras y con Estrella Michelin (apostilló la Cotilla)

Geooorge, aunque callaba, dejó ver su repulsa a la iniciativa parisina con una mueca de desprecio. - Debéis dejar la bebida (dije con voz ronca) - "¡Lo que decimos es cierto! Dicen que tocan a dos ratas por parisino y muchos de ellos se niegan a que las exterminen. París siempre ha tenido ratas y escritores como Victor Hugo hablaron de ellas" - ¡Que cruz tiene el Ayuntamiento de París con las ratas y sus amigos! (clamó al cielo la Cotilla)

De repente, Geooorge, con la vista fija en el broche de la abuela, saltó como un resorte. Acto seguido, un chorrito de chinchón envenenado le dio en un ojo. La sirena ha aprendido a desviar, salvajemente, la atención hacia ella. Y yo me siento rara... estaba tan acostumbrada a ser más tonta que Picio.


viernes, 18 de agosto de 2017

Muerto el perro, se acabó la rabia.

Un grupo de pájaros negros, oliendo a azufre, ha pasado en vuelo rasante sobre mi cabeza y no  me he parado a preguntar. Tenía la escoba a mano y les he dado tal viaje que han salido por la ventana estrellándose contra el tronco del árbol que hay pegado a mi casa.

Ahí siguen. Y, cosa curiosa, cada vez se parecen más a un montón de viejas, apolillada y polvorientas momias egipcias. Muerto el perro se acabó la rabia dice el refrán, acertado como casi todos.

Cuando se lo he contado a la abuela, ha dicho - "¡Muy bien hecho! en casos como éste no hay que andarse con medias tintas" - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaa! ¿a qué tintas os referís? - Puesta al corriente de la conversación se enfadó conmigo. - ¿Dónde tienes el olfato comercial? ¡Esta nieta tuya es tonta de remate! Hubiése podido sacarles rendimiento a los pajarracos y llegaría sin apuros a fin de mes. - Pero si dijo que estaba ganando una pasta vendiendo las colillas por piezas... - ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? ¿Acaso no hay más meses en el año, boba de Coria? - ¿Que hubiese hecho con esos bichos asquerosos? - Venderlos como pajaritos a un restaurante donde tienen como plato estrella, Fritada de gorriones. - Pues no le hubiesen validos porque estaban entre el mirlo y el águila, Cotilla. - ¡Va! No tienes idea de trapichear. Con decir que los he cazado en un trigal de grano gordo...

Llamaron a la puerta. Bedulio, con cara de pocos amigos y bloc de multas en mano, dijo: - ¿Has sido tu quién a puesto a esos pajarracos en el árbol? - Sí, señor ¿pasa algo? - Sí, como siempre que gente de ésta casa anda por en medio. Tengo un dilema: te multo o no te multo. - La cosa es fácil: No me multes. - Tengo que hacerlo por cargarte a esos pájaros. pero, por otra parte, al hacerlo, has salvado a las mujeres del barrio de tener que lavar, una y otra vez, la colada tendida porque la llenaban de excrementos... entre ellas, la mía. Por ello harán una manifestación vecinal, todos codo con codo... se hablen o no, para agradecerte el detalle de haberlos quitado de enmedio.

Dicho esto, dio media vuelta hacia el ascensor... Se volvió y dijo. - Lo de multarte me lo pensaré. - Un ¡CHOFF! llegó a sus oídos. Palideció y corrió escaleras abajo. - ¡¡¡¿TU PRIMER ABUELITOOOO?!!! (gritó mientras su voz se perdía en cada recodo)

jueves, 17 de agosto de 2017

Barcelona en el corazón.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! Ya les he sacado partido a los papelitos de las colillas y a los filtros. Unos para confetti... - Si están quemados y asquerosos, Cotilla. - Si todo el mundo sacara tantos defectos a todo como tú, el comercio haría siglos que no existiría. - Vale. ¿Y los filtros? - Se mojan, se hinchan y luego sirven de tapones para los oídos. Me los quitan de las manos... por eso estoy pensando hacer un contra-anuncio en favor de tirar las colillas en la arena de las playas. - ¡La avaricia rompe el saco! - ¿No te gusta la idea? Que retrógrada eres, boba de Coria.

La abuela llamó: - "Prepara café, nena, que ahora vengo" - Pregúntale si traerá ensaimadas (dijo la Cotilla) - "No me pasaría ni un trocito" - ¿Estás enferma? - "Estoy triste"

Sentadas frente a unos vasos de café con hielo, la abuela nos relató el terrible atentado de Barcelona. - " Las preciosas Ramblas de Barcelona se han teñido de rojo sangre y negro luto cuando un hijo de puta ha arrollado a una multitud con una furgoneta. ¡Asesino!... Hace unos años, cuando no se viajaba tan lejos, raro era el taxista barcelonés que al escuchar nuestro acento isleño, no nos hiciera confidentes de su Luna de Miel. - Fuimos a Mallorca, decían con un punto de añoranza en la voz. Lo mismo que muchos mallorquines saben que fueron encargados en Cataluña"

- Yo misma, sin ir más lejos (la Cotilla se puso melancólica) Me lo contaba mi madre cuando yo era niña... - A pesar de la tragedia, exclamé: ¿Ya existía Barcelona en aquellos lejanos tiempos? - Como si de un resorte se tratara, el brazo derecho de la abuela salió disparado hacia mi y recibí un pescozón que me hizo rebotar la cabeza contra la pared tres veces seguidas. Aún estoy conmocionada.  Cuando dejé de ver pajaritos volando en derredor mío, me atreví a preguntar. - ¿Qué he dicho? - "La palabra prohibída" - ¿Vieja? ¡¡¡PAPAMMMM!!! ¡otro pescozón de reglamento! Es mentira ¡no he nombrado esa palabra ¡Estoy segura! - "Pero la has pensado y te has regodeado en ella" - Oculta entre las algas del acuario, Pascualita acercó una manita al cristal e hizo la señal de OK. - ¡La madre que la parió!

miércoles, 16 de agosto de 2017

Los negocios de la Cotilla

- "Aaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyy! estoy deslomadaaaaaaa. Y todo por meterme a ecologista-limpia-playas-de-colillas. Pensé que sería bonito verme en la tele y los periódicos recogiendo la basura que dejan los guarros que no sienten la isla como su casa y tiran las colillas al suelo en las calles, playas, montañas..."

La idea de recoger colillas se le ocurrió a un mallorquín y a la abuela le pareció de perlas... a pesar de que, cuando ella fumaba allá por los años sesenta del siglo pasado, no tenía ningún reparo en tirarlas al suelo. Y se lo saqué a relucir. - "Entonces no estaba concienciada en los temas ecológicos, boba de Coria. No vayas a comparar aquellos tiempos con los actuales. Ahora a todo se le saca punta. Todo se coge con papel de fumar..." - ¡Abuela! - "Eso dicen los del partido de Andresito y de tanto oírlo se me ha pegado. Pero, en desagravio, limpié una porción de playa" - Eso te honra, abuela. ¿Vino el abuelito contigo? - "El no. Vino la Cotilla" - Esta mujer está en todos los saraos.

La abuela había traído unos trozos de coca de trampó y una botella de vino para merendar. Pascualita se unió a nosotras porque la abuela quiere que lo pruebe todo. A la sirena le gustó la coca pero cuando probó el vino saltó dentro de mi copa,  cuando se lo hubo acabado, lo que tiró sobre la mesa también, saltó a la de la abuela. ¡Este bicho es insaciable! - Esto no puede seguir así, abuela. Cuando la encontré dentro de la lata de sardinas, Pascualita era abstemia y volverá a su hábitat como una borracha empedernida. - "No seas exagerada. Antes la llevaré a Alcohólicos Anónimos para que la desintoxiquen" - Ella no puede ir ¡La descubrirían! - "Vale. Entonces iré yo y aprenderé lo que hay que hacer . Y dejala que disfrute, pobrecita" - Pobrecita ¿por qué? - "Por nada, tiquismiquis. Es una frase hecha... "

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! Estoy desrroñonada aaayyyyyyyyy... menos mal que el negocio me salió redondo. Este fin de mes lo terminaré con superávit - ¿A qué se refiere, Cotilla? - Estuve con tu abuela recogiendo miles de colillas en la playa ¡Era una cosa exagerada! Y yo vi negocio allí. - ¿En esa guarrada? - ¡Anda ésta. Claro! Me ofrecí para llevar las bolsa llenas al contenedor... pero están en mi casa. - ¡Que asco!

He vendido el tabaco al peso y me he forrado. Ahora tengo que pensar qué hacer con los trocitos de papel y los filtros. Ya te digo ¡Esto es una mina! - "Por qué no nos invitas a paella para celebrarlo, Cotilla" - Vale, pero iremos al comedor social que no están los tiempos para tirar el dinero alegremente. - ¡¡¡Tacaña!!!

martes, 15 de agosto de 2017

Desilusionada.

Llevo días ensayando el canto de sirena y los únicos que se han acercado a mi han sido los vecinos, tanto ellos como ellas, para echarme rapapolvos. - ¿Te ha dado por aserrar cosas todo el día? ¿No puedes parar ni a la hora de la siesta, jodía? ¡Como baje te meteré la sierra por donde amargan los pepinos, pesada ya!

Unos me gritaban asomados a la escalera, otros daban patadas a la puerta. Los hubo más decididos que llamaron y al abrir, me empujaron y entraron en busca de la sierra. - ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde la escondes?! - A mi me chocaba la fijación de todos ellos con una sierra. - Pero si yo no... - ¡Ni se te ocurra negarlo o te pego un guantazo! - No me quedó más remedio que llamar a los municipales. - Diga que manden a Bedulio a mi casa. Los vecinos están de uñas contra mi y no sé porque. Alguno ha hablado de lincharme. Puede que sea por el calor pero me preocupa tanta agresividad. - Al colgar, casi de inmediato, sonó el teléfono. - Oiga, que dice el municipal Bedulio que no va a su casa ni loco.  Prefiere enfrentarse con ingleses y alemanes borrachos y drogados hasta las cejas. - Dígale que ésta vez no se trata de fantasmas.

La abuela me llamó. - "¿Qué has hecho, boba de Coria?" - Llamar a Bedulio. - "Tu comunidad de vecinos ha llamado a Andresito para que medie entre ellos y tu porque si no dejas de hacer bricolaje a todas horas, harán una falla contigo y la sierra y arderá Troya. Dice Andresito que seas más comedida." - ¿Comedida? - "Eso ha dicho" - ¿Qué cursi, no?  - "Pues si, pero como es rico de nacimiento... "

El abuelito me preguntó por la sierra. - No es una sierra. Es un canto de conquista, ancestral. - Al final tuve que cantar para convencerlo. - ¡Pero esto es un horror! ¡Pobres vecinos! ¡¡¡Te prohíbo que "cantes" eso!!! - Prohibido prohibir, abuelito y paz y amor... - ¡Y una leche! No me extraña que te quieran linchar.

Me recomendó invitar a los vecinos a casa. - Que vean que no hay sierra que valga y después les cantas ese rollo. Se convencerán y te dejarán en paz. Pero, eso sí, ¡¡¡no cantes más!!!

Todo ha vuelto a la normalidad. Ya no canto, ni siquiera tarareo. He caído en una profunda depresión porque sigo sin poder darle un biznieto a la abuela. Y también porque he echado en falta unas estatuítas de porcelana fina que compré hace tiempo en una tienda de Todo a cien, cuando estaban de moda y se pagaba en pesetas.


lunes, 14 de agosto de 2017

Un ensayo que no cuaja.

Llamé a la abuela. - Si vienes a desayunar y traes las ensimadas, te daré una buena noticia. - "¿Te has metido a chantajista?" - ¿De qué color quieres el biznieto? - "¿Cómo que de qué color? ¡No tomes chinchón de buena mañana, boba de Coria!" - Estaba tan ansiosa de contarle a la abuela la idea que había tenido que no quise discutir para que viniese antes.

Usaría la táctica de las sirenas: atraería a los hombres con mi canto (o sea, el de ellas) Y podría tener un biznieto de cada color de nuestra raza. Nos sentamos a desayunar con Pascualita. Yo parecía un vendedor de la Once, con mis gafas oscuras dentro de casa. La mitad de su cola cao la llevo puesta encima. No se le olvidan las afrentas a la sirena y sigue escupiéndome la jodía. Se me ocurrió que si cantaba como ella tal vez me dejaría en paz.

A la abuela le faltó tiempo para taparse los oídos. - "¡Deja de chirriar que me pones los pelos de punta!" - ¿Te gusta la canción? Atrae a los hombres. - "¿Eso?" - Es lo que cantan las sirenas cuando van de conquista. - "¿Cómo lo sabes?" - Mujer de poca fe. Busca a alguien que nos acompañe a dar un paseo por el barrio y verás si la canción funciona, o no.

Bajamos a la calle, con Pascualita observándolo todo desde la atalaya del broche prendido en el pecho de la abuela, en el momento justo en que pasaba por allí Bedulio. - "Hola, nos vienes como anillo al dedo (dijo la abuela) Escucha un momento a mi nieta que quiere cantarte algo. - ¡¡¡¿A mí?!!! - Y salió corriendo pero yo ya había empezado a cantar como una sirena (o eso me parecía a mi) - El Municipal frenó en seco. - ¡¿Pero... qué es este horror?! - Una canción de amor (dije, zalamera) Escúchala con atención.

Un galimatías de sonidos y crujir de dientes nos envolvió. Bedulio estaba blanco como el papel. Miró a la abuela. - ¿Es para... Eurovisión? De antemano te digo que no sacarás ni un punto. - Que desagradable es éste hombre cuando quiere. Igual que todos... porque me percaté que los hombres, en lugar de acercarse a mi, huían a la otra acera. La abuela, que tenía a Bedulio cogido por el brazo, lo dejó marchar porque decía que no había cristiano que aguantara aquello. Está visto tengo que practicar más la canción.