martes, 16 de enero de 2018

Pasando el rato...

Todo ha vuelto a la normalidad, incluso los orejones de la abuela se desinflaron, cosa que ha molestado mucho a la Cotilla porque se le acabó el negocio. De todas maneras insistió para que se hiciera la cirugía plástica en las orejas y le quedaran como antes pero fijas.

- "¿Tu eres tonta? Me hizo gracia mientras ganamos los primero euros pero ya no. Además, soy rica y no tengo porque pasar penurias para ganar cuatro perras" - ¡Pero yo no lo soy y tengo que llegar a fin de mes! - "¿Para qué te crees que el Gobierno te ha aumentado la paga? ¡Para que no me des la lata!"

Cuando las dos amigas empiezan a discutir más vale emigrar a la Conchinchina o comerse una tortilla de aspirinas para alejar el dolor de cabeza.

De repente, la Cotilla dijo: - ¿Qué pasa en ésta casa para que a tu nieta se le hincharan los morros y a ti las orejas? ¿Quién es el causante?... ¡A mi también me pasó algo así unas cuantas veces! - "¿Qué quieres que haya? ¡Nada! Quizás nos picó un mosquito... " - ¡O es cosa de Pasc... (¡Oh, no! a punto estuve de descubrir a Pascualita) ... pasacalles! - ¿Desde cuándo un pasacalles desfigura a una persona? - Estoy segura de que son cosas que ocurren todos los días, Cotilla. - ¡Pues yo digo que no, boba de Coria!

Miré de reojo hacia el acuario. Pascualita había pegado la cara al cristal y nos escuchaba atentamente. La Cotilla estaba hecha un basilisco. - ¡Ha vuelto a salir el Pascual de las narices! ¿Tan fogoso es éste hombre? - "No lo sabes tú bien" - (La abuela no se puede callar ni debajo del agua)  - ¡¿Y lo compartes con tu nieta?! ¡Que vergüenza, dios mío!... ¡Y yo sin catarlo!.

La sirena se comunicó con Pepe - ¿Has visto la que están liando, Gú? Se quejan de los hinchazones pero no se dan cuenta de que me las estoy comiendo poco a poco jajajajajajajaja - Eres más canibal que los que se comieron mi cuerpo con patatas y zanahorias, Fjkmpw. - Y mañana volveré a montar el lío porque será San Antonio Abad y me llevarán a bendecir. - ¿Y a mi? - A ti, no. Eres... fuístes... ¿una persona?... Te miro y se me hace muy cuesta arriba... ¿Seguro que no has sido siempre una cabeza?...

lunes, 15 de enero de 2018

La Cotilla y sus negocios.

Llevo unos días sin poder comer a causa de la hinchazón que me produjo el mordisco de Pascualita en los labios. Tengo un hambre canina pero, justo es reconocerlo, me he puesto en el peso ideal y estoy más buena que el pan... que me comería ahora mismo con aceite y tomate.

La abuela, muerta de envidia, ya no sabe qué hacer para que la sirena la muerda en la boca pero no hay manera. Le ha mordido en las orejas y ahora es igualita a Dumbo pero en viejo (esto lo digo en voz baja, no sea cosa que se entere y me cruja a pescozones)

No quiere salir a la calle. Y eso que la Cotilla ha tratado por todos los medios de convencerla de lo contrario. Incluso le ha ofrecido ser socias al cincuenta por ciento, a pesar de que el negocio que le propuso se le ocurrió a ella. - Nos ponemos en un mercado, por ejemplo en el de Pere Garau cuando haya más gente. Entonces yo toco la armónica para llamar la atención y se acerquen a verte. Llevarás colgado un cartelón que diga algo así: - Se admiten donativos para pagar la operación de reducción de orejas. - Y si te preguntan que desde cuándo estás así dices que desde los veinte años, por ejemplo. - Fue el día de mi cumpleaños. Me tiraron tanto de las orejas que, al día siguiente, al despertarme, las tenía así. Desde entonces solo puedo ponerme pendientes descomunales que me cuestan un potosí y claro, no me queda dinero para la operación.

- "Esto es absurdo. Lo lógico es que gaste el dinero en la operación, Cotilla" - ¿Quién habla de lógica? Estamos hablando de dinero. Si pides para comer no te van a dar nada pero si es para ir de fiesta y lo dices con gracia, te forras. - "¿Tu crees...?" - Lo sé por experiencia.

- Finalmente la abuela claudicó. - "Saldré cuando sea noche cerrada" - No habrá nadie por las calles (dijo la Cotilla, cargada de razón) - "Pues con un gorro grande..." - Se trata de que te vean. Déjate de tonterías, total son dos orejas, como tiene todo el mundo, solo que un poco... exageradas.

Esa tarde salieron a la aventura... y volvieron más contentas que unas Pascuas. ¡Se habían forrado! - ¡Qué éxito, boba de Coria! Lástima que no se me ocurriera ésta idea cuando se te hincharon los morros. Hubiésemos sacado un capitalito. - Siempre me quedo a dos velas, pero no sin brindar con chinchón por el éxito obtenido por las dos amigas.


domingo, 14 de enero de 2018

Soy la envidia de la abuela y la Cotilla.

Andresito me ha llamado tempranito porque estaba contento el hombre. Quizás no le he respondido como esperaba: - ¿Tan importante es lo que tienes que decirme para llamarme a éstas horas siendo ¡¡¡DOMINGOOOOOOO!!!?

El teléfono quedó en silencio. Y yo me alegré. Pero cuando estaba dando media vuelta en la cama para seguir durmiendo, se escuchó un carraspeo. - Ejem... ejem... nena... cuanto más vieja te haces, más te pareces a tu abuela... ¿Eh? ¡No... no te estoy insultando, cariño... ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!  ¡¡¡AAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYY!!!

Recibió un justo castigo. No se puede hablar de ciertas cosas teniendo a la abuela cerca. Colgué el teléfono y dormí unas horas más. A mediodía me desperté con la sensación de que había okupas en casa... Cogí una zapatilla como arma defensiva y siguiendo el murmullo de las voces, acabé en la cocina. La abuela y Geooorge tenían una sesuda conversación sobre cómo hacer cordero al horno. Ambas recetas me parecieron apetitosas y cuando iba a meter baza para erigirme en juez, vi a Pascualita mezclada con la fruta del frutero. Afortunadamente, el inglés no había reparado en ella pero, por si acaso, me puse delante e intenté cogerla poniendo los brazos a la espalda. Fue una maniobra difícil porque, mientras tanto entretuve a la abuela.

- ¿Qué quería contarme Andresito? -"Que nuestras vecinas, (algunas de ellas estuvieron viendo el pregón de las fiestas) le han felicitado por lo bien que me porté sobre el escenario "dejándo en ridículo al Ayuntamiento izquierdoso" dicen ellas. ¡Y eso es mentira! ¡Tú lo vistes!"

 - Sí, abuela... ¿Andresito vendrá a comer de ese cordero tan rico del que hablábais? - La cara de Geooorge era un poema. - "No creo que le den el alta hoy" - Monsieur estar jodidou in clínica... - ¿En domingo? (pregunté tontamente) - Yes. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! ¿Andresito ingresado? ¿Qué te ha hecho? - "Andar a vueltas con las cosas de la edad y la familia" - Así empezó tu primer marido y mira como acabó. - ¡Cotilla, no miente la soga en casa del ahorcado! -

- Así que no vendrá a comer... Pues habrá más para nosotras. - "Nosotros" - ¿Vendrá más gente? - "Geooorge" - Es inglés y se conformará con un poco de te y unas pastas... - "Cuidado, Cotilla, que es un experto en venenos y quién guisará será él... Lo digo por si quieres llegar a mañana... jejejejejejeje" - La vecina se santiguó repetidas veces y tiró un puñadito de sal a su espalda... por si acaso.

Salí de la cocina con dolor de hombros de tener los brazos torcidos hacia atrás. Afortunadamente, la sirena no me mordió, tal vez fuera ese el motivo que me llevó a darle un besito. Cometí el mismo error que Andresito con mi abuela. En cuanto arrimé mis seductores labios al bicho marino, de color ahogado de tres días, clavó en ellos su dentadura de tiburón ¡y no soltó! Tuve que armarme de valor para dar el tirón y dejar que se comiera el cachito de carne que quedó en su puñetera boca.

¡¡¡Que dolor, que dolor, que doloooooor, que doloooooooooooooooooooooooo!!!... Cuando se amortiguó un poco y dejé de sangrar como un toro de lídia, entré en la cocina y al ver mis labios exhuberantes, hinchadísimos, las dos viejas me miraron con ojos envidiosos que decían: ¡Mataría por tener los míos así!!!

sábado, 13 de enero de 2018

Ayer noche.

La noche no terminó como me hubiese gustado: marchándonos tranquilamente a casita, con la tripa llena y la cabeza embotada por el chinchón, pero felices por la buena velada pasada... Pero no fue así:

Cuando la abuela vio que los políticos y la oradora se bajaban del escenario, le acometió una especie de frenesí que la llevó a subirse de un salto, agarrar el micrófono y soltar parrafadas sin pies ni cabeza. La gente que estaba en la plaza, esperando que empezara la música del primer concierto de las Fiestas, creyó que se trataba de una actriz, alocada, puesta ahí para entretenerles. Y le aplaudieron.

¡Buena cosa hicieron! Cogió más brío y solo le faltó decir que, entre la Cotilla que en esos momentos estaba muy entregada a "limpiar" carteras y mochilas, y ella, había matado, o medio matado, a mi primer abuelito. Hasta la vecina interrumpió un momento su tarea, mirándola con cara de preocupación. Pero la abuela siguió desbarrando y haciendo reir al personal, contando una historia sobre Geoooorge y la salida de Inglaterra de la Unión Europea. - "Dice que le da igual aunque, viendo como cada vez hay más ingleses que están en contra, no le importaría que se repitiera el referendum ¡que jodío, el mayordomo! Yo le digo: a lo hecho, pecho y litros de te con pastitas... ¡Ah, y devolvédnos el Peñón. Entonces, asombrado, dice: ¿Pog qué, Peñón? ¿You querer, madame? ,Y le dije la verdad que para eso soy la señora que le paga: Mientras no me lo pongan en la bahía, tapándome la vista de la Catedral, que hagan lo que quieran... ¿qué quieres qué te diga, fill meu."

Se le secó la boca y sacó la botella de chinchón de su bolso. Le dió un buen trago para aclarar la garganta y se la pasó al Alcalde que seguía con la boca abierta desde que la abuela se había subido al escenario. - "¡Beba, beba y se le quitará el frío, alcalde!"

La gente, que estaba entregada al rollo de la abuela, la coreó: ¡¡¡Que beba el alcalde, que beba el alcaaaaaalde!!! - Y el hombre no se hizo de rogar. La botella fue pasando de mano en mano. Entonces me subí al escenario. Un municipal se acercó a mi y grité: - ¡¡¡Es mi abuela! Se  ha escapado de la Residencia!!!

Los palmesanos y las palmesanas me abuchearon - ¡¡¡Fueraaaaa, fueraaaaaa!!! - La abuela había triunfado y sus fans la aclamaban. Yo me acerqué al alcalde, tropecé y caí sobre él. Cuando nos levantaron, Pascualita ya estaba en mi escote. Pero a la puñetera sirena el cuerpo le pedía juerga y saltó a la batería de los músicos que esperaban a que la abuela se callara de una vez, para empezar a tocar. El batería se asustó al ver un bicho raro y le arreó con una de las baquetas. Lo que el pobre no se esperaba es que le saltara a la oreja y le clavara los dientes.

El pobre chico gritó con fuerza y la gente aplaudió a rabiar. Cuando le arranqué a Pascualita, saltó, brincó, lloró, moqueó... y la oreja se fue haciendo cada vez más grande. Y mientras me llevaba a la abuela casi a rastras, me dijo: - "Lo de la Residencia no te lo perdono" - Y se me puso la carne de gallina.

viernes, 12 de enero de 2018

Víspera de fiestas... ¡otra vez!

- "¡Nena, prepara a Pascualita que me la llevo a la plaza de Cort a escuchar el pregón de las fiestas de San Sebastián!" - ¿Habrá torrada? - "¡Claaaaaaarooooo!" - ¡Vendré yo en lugar de la sirena! - "¿Tú te llamas Pascualita?" - No, pero... - "¡Pero nada!" - ¿Y si se cae en el fuego, o se pierde por la plaza, o te la roba alguien, o... ? - "Vale ya. No me  has convencido" - ¡Pues yo tengo que venir o estaré pasando pena toda la noche! - "Ven pero tráete tu sobrasada, tu lomo, tus botifarrones, tu pan, tu vino... " - ¿Tu no traes nada? - "Si ya lo llevas tú, para qué voy a ir cargada" - Se me quedó cara de tonta.

En la Plaza Mayor los gigantes bailaban una jota ante los aplausos de la gente. A la abuela se le iban los pies escuchando la música y se metió en medio del círculo que formaban gigantes y cabezudos. Saltó más que nadie y fue muy aplaúdida. De todas maneras no estuvo bien que hiciera eso pero el municipal que estaba por allí no se atrevió a decirle nada y se hizo el loco hasta que le toqué en un hombro y se giró hacia mi. - ¡Bedulio, no has cumplido con tu obligación! - ¡No quiero fantasmas en torno a mi y menos por la noche! Así que si tu abuela quiere bailar con el Alcalde, allá él. Yo no voy a impedirlo.

Bedulio, con cara de circunstancias, se escabulló entre la gente y le perdí de vista. Un rato después, fuímos por la calle Colóm hasta Cort. Frente al Ayuntamiento había un escenario y a su lado, la Cotilla, trabajando a destajo porque, había poca luz y mucha gente apretujada.

Escuchamos el pregón con nostalgia por la Palma de nuestra juventud. En cuanto la oradora calló, la abuela, envidiosa de su éxito, dijo: - "El año que viene lo daré yo, boba de Coria" - Cerca de mi alguien comentó: - Esa señora..., la más mayor, dice que... ¡¡¡AAAAAAAAYYYYYYYYYYYYY!!!

Pobrecillo. Menudo pescozón. Aún debe seguir dándose con la frente contra la farola. Luego marchamos en busca de un fogueró para asar la carne. La Cotilla gritaba - ¡¡¡Visca San Sebestiàaaaa!!!

Para pasmo mío, el termo de los chinos estaba abierto. - ¡¡¡ABUELA!!! (dije, señalándolo) - A empellones aparté a la gente que hablaban tranquilamente mientras las carnes se iban asando. Miré dentro del fuego y no vi nada parecido a una sirena a la brasa. La preocupación subía por momentos hasta que la vi, en plan broche, adornando la solapa del Alcalde. - ¿Cómo la cojo de ahí, abuela? - "Tranquila. Voy a invitarle a chinchón, lo demás es cosa tuya"

jueves, 11 de enero de 2018

Pascualita o Fjkmpw.

A través del cristal del acuario he visto salir a la Nieta camino del mercado. Lo sé porque me lo ha dicho: me voy al mercado y te traeré una cosita. Ella se extraña cuando nota que entiendo lo que me da la gana.  Pero la más sorprendida soy yo al pensar que pueda entenderme un especímen tan tonto como ella.

Ahora estoy sola... Bueno, técnicamente sola, sola, no, porque Pepe, la cabeza jivarizada, sigue en su estantería de la cocina. Esta familia está muy equivocado con él. Todo el mundo llama Cotilla a la vecina del 4º, que es más pesada que una vaca en brazos, pero es a Pepe a quién deberían llamar así. Se entera de todo y como tiene esa fama de mudo por tener la boca cosida y el cuello cortado, nadie le pregunta nada. Ni siquiera la abuela que parece la más lista de la familia.

Pero a mi sí que me lo cuenta. Y se parte de risa cada vez que lo nombran: Pepe, porque no sabe si se refieren a él o al partido ese al que está afiliado Andresito. Y no contesta, en parte por lo que he dicho antes y en parte porque nunca se llamó así. Su nombre es mucho más simple: Gú.

También para mi se inventaron un nombre: Pascualita. Pues bueno, pues vale... Es una pena que no pueda comunicarme con la abuela como lo hago con Gú. Le diría que me llamo Fjkmpw. Un nombre con más empaque, dónde va a parar.

Y lo que nos reímos Gú y yo cuando hacen cábalas sobre quién fue en vida. ¡No aciertan una! dijeron que si misionero, explorador inglés, incluso si fue mujer. Ese día me meé de risa. Después me supo mal porque acababan de cambiar el agua del acuario.

Pepe, o Gú, era el bonachón de la tribu. Hacía favores, entretenía a los niños, guardaba los cerdos, hacía reír a las mujeres con sus historias y tonterías. En fin, un alma cándida que caía bien a todo el mundo. La desgracia llegó en forma de abundantes lluvias que convirtieron la aldea y sus alrededores, en un lodazal. Y mientras la tribu se quejaba amargamente, Gú hizo todo lo contrario. Vio en ello una diversión y poco después, todos se unieron a él sentándose en el suelo, en la parte alta del terreno y resbalando por el "tobogán" de barro muertos de risa.

Quiso la mala suerte que en una de las bajadas vertiginosas, la esposa más joven del Jefe y él, se trabaran y cayeran rodando y dando volteretas para acabar a sus pies. El jefe era un celoso compulsivo que creyó ver libertinaje donde solo había diversión y no dudó un segundo en ordenar ¡que le corten la cabeza!

Así se hizo al instante. Después, cumplida la orden, todos siguieron con la diversión del Tobogán. Más tarde vino todo el ceremonial de la reducción de la cabeza , etc. etc.... ¡Vaya, ya está aquí la boba de Coria! A ver qué me trae... ¡Un calamar!... Vaya, me he puesto sentimental... Que ricos estaban aquellos calamares gigantes que comía en mi hábitat junto a mis compañeras...



miércoles, 10 de enero de 2018

Ponerse a plan.

La abuela me ha llamado por teléfono. - "Nena, te espero ésta tarde, a las seis, en la puerta del gimnasio El Musculito" - ¿Para qué? - "Como te has quedado sin cintura y con mucho culo durante éstas fiestas, te he apuntado para que hagas ejercicio y rebajes volúmen. Yo también voy a ir." - ¡Gracias abuela! - "¿Y eso?" - Por pagarme las clases. - "He dicho, literalmente, te he apuntado" - Ah... pensé que... - "No pienses tanto y afloja la mosca cuando entremos" - No sé si podré... - "¡Ya lo creo que sí!" - ¿Cuánto es?

Cuando me dijo el precio mensual, tuve que sentarme y beber tres copitas de chinchón seguidas. - ¿Crees que me ha tocado la lotería? Es un precio para ricos ¡No voy a ir! - "Es caro pero eficáz. En un mes ya no serás la misma" - No insistas... - "Vamos a ver, boba de Coria. Pagando estas cuotas tu presupuesto queda reducido al mínimo. Y no podrás darte ningún capricho. Tu comida será la de un asceta. Comerás verduritas tristes, calditos de verduras más tristes aún... Y entre esto y los ejercicios matadores que imponen los monitores, quedaremos hechas unos figurines cuando acabe el primer mes"

Me defendí como gato panza arriba. - ¡No quiero ir a esa sala de torturas! Estoy contenta con mis kilos de más porque más vale tener que desear, abuela... - "¡Ahora vengo y te vas a enterar!"

Cuando entró en casa no la reconocí. Iba enfundada en una malla de colores que se pegaba al cuerpo como una lapa. Abrí los ojos como platos. - ¿Tengo que ponerme algo así? - "¡Claro, la idea es que ligues y dentro poco tengas un biznieto porque se te va a pasar el arroz y me quedaré a dos velas"

Sabía que la abuela tenía razón. Además, si no me miraba mucho al espejo, apenas se notaban los veinte kilos de más que tengo. Mientras la abuela dormitaba frente a la tele de la salita, marché a la tienda del señor Li, que cada vez está más empalagoso y compré una malla de licra, de colores llamativos. - ¿Pala quién sel? preguntó el cotillo oriental - Para mi. - Sus ojillos achinados se abrieron de par en par, por difícil que parezca. - ¿Tu cabel ahí? - ¡Pues claro! contesté, ofendida. - ¡Yo vel!

¿Desde cuándo es tan descarado el señor Li? - ¿A qué llamo a un guardia? -  ¡JA! - Salí a la calle gritando: - ¡¡¡BEDULIOOOOOO. BEDULIOOOOOOO!!! - Antes de que aparecieran los municipales corrí hasta mi casa. Y era tanta la curiosidad por ver cómo me sentaba la malla de licra que, en cuanto llegué, me la puse.

La primera impresión fue de desilusión ¡Dios, que mal me sentaba! Después, a medida que iba haciendo monerías frente al espejo, lo veía con mejores ojos. Fui a por Pascualita para que me diera su opinión. La puse en el sofá de la salita y ante sus atónitos ojos, me contorneé como una profesional de bailes eróticos. Estaba tan ensimismada que el timbre de la calle me asustó. Salté y caí de culo encima de la pobre sirena que se defendió clavándome los dientes en el trasero.

Me costó muchísimo llegar hasta la puerta de la calle y abrirla. El culo, que no dejaba de crecer a causa del veneno,  pesaba mucho. La primera reacción de Bedulio al verme fue... desmayarse. Cuando volvió en sí y me vio... se desmayó de nuevo... Y así hasta cinco veces.